Ayuda3 ofrece los mejores servicios para dependientes

Calidad y compromiso. Esas son las señas de identidad de Ayuda3, una empresa porcunense que abrió sus puertas el pasado año como el primer centro dedicado a la venta y alquiler de artículos para personas en situación de dependencia. También ofrece artículos ortopédicos.

Comienzan hoy las actividades del Mercado Medieval

La Edad Media llega de nuevo a Porcuna, y más concretamente a la Plaza de Andalucía. Un verano más, un Mercado Medieval hará que los porcunenses se trasladen al medievo. Este evento se encontrará instalado desde hoy y hasta el próximo domingo en la plaza de Andalucía.

Un comité cultural promoverá la cultura local

El Ayuntamiento ha puesto en marcha un comité cultural integrado por asociaciones culturales, musicales y de patrimonio, entre otras, para organizar y dinamizar las actividades de Porcuna. Además, el comité intentará promover la colaboración y la comunicación entre todos los colectivos.

"El objetivo es estar entre los cinco primeros"

El presidente del Atlético Porcuna, Andrés Salas, valora para Porcuna Digital la pasada temporada en la que el conjunto rojiblanco se ha codeado con los equipos malagueños de la Primera Andaluza.

Apoyan las exigencias del instituto y del Juan Carlos I

El pleno extraordinario celebrado ayer apoyará las reivindicaciones del instituto de la localidad y del colegio público Juan Carlos I de instar a la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía a ceder ante sus peticiones.

24/7/2014

Manuel Torres Amate. El carromoto del picón

Los días tranquilos, pacíficos, recolectores y contadores del ayer, entre los muchos trabajos, las muchas fatigas y las muchas inquietudes, le trajeron a Manuel Torres Amate el descanso agnóstico y casi ascético de los días reposados: esos reposados días que tan mal se avienen siempre con los cuerpos tan trabajados y en las inquietudes madrugadoras para los negocios, nos pintó a Manolo “El del picón” arrejuntado siempre en las inquietudes variopintas y creativas de los trabajos manuales y de las lecturas a la luna de la tarde y a la sombra de los mosquitos, mientras por su cabeza cabalgaba siempre el estridente sonido de su carromoto cargado de sacos de picón y de sacos de carbón por aquella Porcuna antigua del blanco y negro de los tiempos, más que de las fotografías, las casicas chiquitillas como nidos de golondrinas enganchados a los tejados, las calles serpenteantes y tan afines de las bestias de carga, los perros ladradores y los gatos por los tejados o sobre las mecedoras, y las vecindades a las puertas de su casas como un alguien o un todo secular y contradictorio, que esperaba siempre algo, la sorpresa del nuevo día, el entretenimiento de los voceadores callejeros de los pregones que traían la mantelería, las enaguas, el arreglo de los paraguas o el afile de los cuchillos, el queso y los hojaldres, los garbanzos tostaos y la miel goteante aureolada de imaginarias abejas y soñadores panales de los bosques, las cartas del correo, o la limosna por Dios ,las majoletas, el arrezul y los higos chumbos o las cargas de leña o el carbón y el picón del Manolo “el piconero”, en su camisa azul o en su azul blusón, tan entintados de oscuros, aquellos otros oscuros que lo nevaban como de pavesas, que lo vestían de hombre de negro teñido de lavandería en sus lutos comerciales, voceando picones y carbones por el mediodía de las calles tan blancas, tan asombradas, tan agrarias y tan en trapajos y tapadillos; vecindades sabedoras que lo que les vendría, les vendría de la calle abajo o de la calle arriba, fuera cielo o fuera infierno; si cielo, una esperanza azul, si infierno, no más que unas medias negras y un llorar mucho, y el agua de las canales llenando los cubos del agua para la sed de los animales de corral o para la sed de las macetas con sus geranios gigantes, casi bosques encantados de mariposas, libélulas y avispas negras y gualdas zumbando entre los zumos de las uvas de las parras.

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Fotografía: Juan Manuel Torres Gutiérrez

Los días largos después de los sesenta y cinco años le vinieron al hombre del picón, no lo sabía ya si como descanso o como castigo, que, a tantos años de trabajaeras y de fatigas, y de gratos momentos también en el sentirse fuerte y esforzado y alguien, esa repentina paz ingobernable, una paz a la que no podía ponerle las manos encima porque la bofetada se le volvía caricia, cuando lo que Manuel Torres Amate pretendía era pegarle una bofetada a la modorra de la vejez para seguir siendo hombre activo, hombre vivo, hombre con futuros, hombre sin más descansado reposo que la hora de la siesta o la ternura del tálamo de las cada vez más largas noches, u hombre de las tertulias de las tardes por “La Píldora”, aquel círculo de artesanos y labradores, sin más artesanía ya que la artesanía de las fotografías y los útiles expuestos como magisterio de museo y sin más labradera que los olivos creciendo y los olivos cortando hasta crear el verde césped desde las alturas de los aviones. Las tardes del café con leche y las charlas políticas en el carrero balcón de la terraza de “ La Píldora”, ese mirar al mundo desde la frente de las caminatas y los asuntos desgobernados; si con sol, con toldo y sombrero, si de invierno, en la biblioteca del casino, hojeando libros, ojeando rostros, convirtiendo y reconvirtiendo palabras y haciendo de la discusión el buen y hábil sentir de las peculiares formas de ver y de sentir la vida, cada cual en su ideología y cada cual en sus maneras, sin más pan pan ni vino vino que un escuchar atento, un asentir lo imprescindible y un discrepar lo que hiciera falta, que allá cada cual con sus ideas, sus sentimientos y sus peculiaridades sociales y políticas.

A la calle Barrionuevo de los años aquellos del piconero jubilado, y anteriores años también, la de Los Valverde y el Herrero feo, la de Agustina “la de la cafetería”, y el barbero de “La Virgen del infierno”, que estaban casi siempre en la casa de Valverde donde tenían su casinillo de calle y su discusión de puertas cerradas, aunque fueran puertas abiertas; la calle de los Nati y Clotilde, la Julia y el Manuel Benito, Isabelica “la del jabón” , “Chichimao” y la Chacha, y la familia completa y numerosa de Barranco el municipal, que daba hijos al mundo para que nunca se acabara la calle ni se callaran las gentes, para que siempre hubiera niños jugando por las calles y algarabías de sonrisas y besos de media luna, y que salían a la calle a ocuparla por completo para entablar las chácharas de las estrellas y las mariposas de la luz, se le abría un descanso en la casa familiar de Manuel Torres Amate, esa casa que aún olía a jabones, a sosa, a tintes y a “polvos americanos” y a “polvos de arilé” , como si estos olores que tanta sustancia y tantos aromas le dieran al hogar de la familia, nunca se hubieran ido y se hubieran asentado en la tranquilidad del jubilado Amate y, persistentes, molestaban a las pituitarias de la cal mientras los revolvían y revenían, ancestrales y míticos, en las pituitarias de Manuel y Aurora, el matrimonio de la tranquilidad tras las horas de los oficios, la pareja feliz a la que, de repente, tanto reposo, los volvía lánguidos, divinidades del ayer de los oficios, que en el duermevelas del sueño y de la nostalgia, aún seguían fabricando jabones y dispensando potingues de droguería para el buen comercio de las vecindades, las vecindades propias y las vecindades ajenas de las otras calles y de las otras gentes, tan distantes y tan cercanas.

-Qué descansados los cuerpos, Aurora. Echa uno tanto de menos, del ayer, no más cruzar la esquina del reposo, los trabajos, los esfuerzos y las fatigas; ese llegar cansado a la hora de la cena para el huevo pasado por agua y las últimas charlas de la noche, Aurora.

-Y tan vacía la casa, que parece, con tantos silencios y con tantos recuerdos, la casa fantasmal de los castillos y los palacios abandonados. Y echa una de menos aquellos golpes con los nudillos en la puerta o en el cristal de la ventana, y ese azogue de prisas recibiendo gentes y despachando cosas, que ni descansar podía una los cinco minutos de las oraciones o las medias horas de las radionovelas.

En el patio de la casa, rodeado de macetas y un olor como a pozo y a cuadras con pesebres, y hasta de olores antiguos de cuando la casa era antigua vaquería surtidora de leches y de recocíos, y tiernos ternerillos para los mataderos o las capeas imaginarias, y a tendederos de ropas secándose al sol de la tarde, cogidas con los alfileres de la ropa sobre los alambres plastificados. En una virtud de macetas mostrándose y cantándole a la primavera los goces de los colores y los arrumacos de los aromas, Manuel torres compone y teje los primores coloristas de las esteras, las jarapas y las alfombras de cuerda y esparto, o el forrado de las garrafas de las aceitunas en aliño, las damajuanas del vino y las botellas del aguardiente, entretenimientos de viejo con inquietudes, de viejo que ve en los trabajos, ya sea en los trabajos manuales, el salir de la modorra diaria del descanso, todas esas horas perdidas mirando los cielos rasos y los cielos azules, mientras ve pasar las horas valerianas de la tarde perfilándose sobre el reloj de las paredes blancas, marcando las horas y alumbrando el pasar de los ratos. Al piar de un pájaro cantor los minutos pasando, y Manuel Torres hilvanando los colores de los telares en sus cadenetas, sin más telar que el ancestral telar de sus manos, una imagen ecuatoriana y selvática a la puerta de una choza y un techo de paja por donde las indias con gorros de colores y ásperas lanas tejen al soplo de los vientos inmortales los tribales primores de los tejidos y los adornos, y con unas quenas sonando las nostalgias de los Mayas o de los Incas. Con el cigarrillo en la boca, uno más de los cuatro paquetes diarios, dándole al humo las volutas redondas de los juegos de señales, dibujando círculos o nubes artificiales de donde caían las cenizas como si descendieran alas. Tejiendo en la tarde de la jubilación los primores horizontales, los círculos de los soles y las alegrías geométricas de las aves egipcias. Y en el asueto cómodo del sillón, las lecturas de todos los días.

La televisión encendida y Manuel Torres con el libro en las manos y las gafas de cerca resbalándole por la nariz hasta ser gafas de bigote: obnubilado, ausente, vacío del mundo, lleno de letras y de renglones, literario y sabedor en la gran escuela de los libros, sin más luz que las palabras entrelazadas del narrar de la Historia. Gran lector de siempre: novela, teatro, poesía, pero, sobre todo, libros de Historia; indagando en el ayer el por qué de las cosas y de los hechos, el cómo sucedieron, el por qué sucedieron, o el por qué fueron así cuando bien podrían haber sido de otra forma; de la Historia sus virtudes y sus ineficacias, sus mentiras y sus verdades, quizá sus medias verdades y sus medias mentiras, pero que daban al entretenimiento culto de la literatura; de los momentos de ayer a los momentos de ahora, los momentos que parecían ser siempre los mismos momentos, pura repetición vestida con otros personajes y con otras secuencias. Perdido entre las palabras intentando encontrarle verdades, controversias, razonamientos o discrepancias a los momentos sagrados de los hechos, tan escritos, tan mostrados, tan distantes y distintos: fulgores de los ayeres, consecuencias de lo nuestro: un algo sedante, o cuanto menos, vanidoso:

-Don Manuel Torres Amate, Manolo “el del picón” ¿Qué lee usted en estos momentos, que tan entusiasmado se le ve. Tan entusiasmado que llevo media hora apoyado en el poyo de la ventana, y tan sordo usted con el libro entre las manos?

- Las Memorias de don Manuel Azaña, presidente de la Segunda República española, en uno de sus volúmenes, señor Valverde.

-¿Y no sería mejor que leyera alguna comedieta de los Álvarez Quintero, algún ripio rimado de Curros Enríquez, o alguna monserga de Pereda, sin más placer que la insustancial caminata de las palabras?

-Déjate ya de pamplinas y cierra la ventana, que entran las moscas y los grillos, o similares hablando, por bocas de grillos y de moscas…

En los principios del sueño, entre el ayer y el hoy de las palabras narradoras, esa secuencia extraña del narrador de no saber si está en el presente o está en el pasado, Manuel Torres Amate coge la vieja libreta de a rayas donde en los años de los negocios llevaba Manolo “El del picón”, anotados, los dineros de las deudas, y los nombres de los deudores: la otra cosa negra de los años malos, el otro picón, como picón de vareta; aquellas necesidades de antes, aquellas bonanzas del vendedor ante los pobres, y no de espíritu, sino de alcancías, aquellas pobres gentes que le compraban el picón de fiado, porque ni para el picón daba en la casa. La vieja libreta de las trampas con sus numericos chiquitillos en sus pesetas y en sus céntimos. Un desfile nominal y vertical de números con anotaciones; la antología de la pobrería de Porcuna desfilando sus nombres y sus nombrajos por la libretilla a rayas del maestro vendedor. Ejercicios espirituales que siempre daban en huchas vacías y en los bolsillos con agujeros, y en un como taparse la cara para no pasar tanta vergüenza. La libretilla a rayas con nombres y apellidos que ya no eran ni nombres ni apellidos sino pasados, y, perfectamente, pasados imperfectos llenos de pobrezas y alucinaciones ciegas, los que quedaban anotados en las líneas de las deudas que nunca se reportaron, quedando en eso, en un censo nominal de pesetas y de céntimos que daban siempre a la ninguna parte de las recaudaciones: el dinero falso de los préstamos imposibles de cobrar:

-Bien podría usted ahora, ahora que está usted viviendo, señor Manuel Torres Amate, en los días del beneplácito de la tranquilidad con nietos y con paga del gobierno, en ir casa por casa a cobrar los papeles de las trampas, la lista de los adeudos, la sonrojante tinta azul, tan desvalida ya por tantos años, de los sacos de picón impagados y los trozos de jabón, y los polvos de “Arilé”…

-Ya le he dicho a usted que cierre la ventana, que me entran las moscas y los grillos, y no me deja concentrarme en estos y en otros asuntos que, a mis años, no dejan de ser ya más que puros entretenimientos de jubilado que se aburre contando sin contar las horas de los días.

Y de vez en cuando la mente en blanco, con los momentos del ayer revoloteándole por su cabeza, y dibujándole el jeroglífico de sus días como una encrucijada, el crucigrama de sus palabras, el autodefinido de sus idas y venidas por estos mundos de Dios, por veces, abandonados, gloriosos por veces, y hasta soñadores en el sueño de los ojos abiertos y una sociedad más justa. Entonces, Manuel, dejaba a un lado el libro de Azaña y la libretilla con los nombres de las deudas impagadas e impagables, y mientras Aurora Gutiérrez subía o bajaba el volumen del televisor, o el volumen de la charla a la luz de las aceras, a Manuel se le descorría el telón del teatro de su vida, y por el escenario, como entre niebla, le abría a sus ojos los retratos sepias de sus tiempos del ayer con los ecos de su memoria.

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Por las calles de Porcuna el tracatrá del carromato de Manolo “El del picón”, esa especie de moto con remolque de donde asomaban, primorosamente puestos, los sacos del picón para los braseros y los sacos del carbón para las hornillas de yeso, intentando subir cuestas y bajar despeñaderos, con la bocina musical y salvadora despertando a las gentes a las inminencias del invierno, esas vísperas en que las cuadras y los corrales con techadillos se abrían en Porcuna para el almacenamiento de los negros combustibles de los fríos y las tiritonas de mesa camilla a la luz de la bombilla de centro, y el hombre de negro, el hombre de la tizne negra anunciando por la megafonía de su garganta la llegada de las lumbres de la sierra de Cardeñas, a donde Manuel Torres ascendía, como ciclista en el Tour por el cargamento de los sacos negros, unas veces en el camión de Enrique “El gordo”, y otras, en algún camión de los Callaos, los del almacén. Y si el acarreo resultaba en urgencias, y no había camión a mano, subía Manuel Torres los montes de la sierra cordobesa a por el apaño mínimo de los diez o quince saquillos de picón que le entraban en lo escueto y callejero de su carromato. Un madrugueo por caminos de piedras y carreteras a medio asfaltar, sin más señales de circulación que la vista puesta al frente y un mirar atentamente las idas y venidas de los llanos hacia los montes y de los montes hacia los llanos, que ya por Cardeñas, el Manuel Torres piconero era esperado, cliente de esos montes, y más que conocido y mejor recibido por los lugareños de las quemas. Y allí iba el piconero con la jerga de los sacos vacíos para devolverlos llenos del primor necesario de los chiscos primorosamente apagados para el buen calentar de los braseros y las hornillas de los alimentos, con, de vez en cuando, algún tiznón, ese que aún ardía en picón a medio hacer que llenaba las casas de humos y los ojos de lágrimas:

-Manolo, un saquejo de picón de monte p’al brasero, que el de vareta no da más que pa un corto calentao, y una espuertilla de negro carbón para el asunto de cocer los potajes. Y si lo quiere Dios, o lo quiere el patrón de los salarios aceituneros, o la vuelta pronta de Francia, se lo pago en unos días; todo lo más en unas semanas…

Pero, a veces, la pagaduría resultaba en meses, cuando no en años, y a veces en años bisiestos y compostelanos. E incluso, los sacos de picón que no se pagaban nunca; esos sacos de picón por el siempre de los tiempos adeudados, que Manuel Torres Amate repasaba en el ahora de su jubilación, anotaicos en su escolar libreta de rayas.

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Por las cosas del destino, Manuel Torres Amate vino a nacer en Madrid, por el barrio de las Ventas, tan torero y tan Primo de Rivera en aquel año de 1925 en que sus padres, Manuel, de Porcuna, e Isabel, de Valdepeñas hicieron sus madriles, y emigraron a Madrid recién dado el sí testimonial del matrimonio, eclesiástico y bien pensante; pero poco le duraría al niño Manuel sus años capitalinos del progreso y la dictadura monárquica consentida, y, si no aclamada, peripatética, que aún siendo niño de pecho, los padres, el Manuel y la Isabel, se volvieron a Porcuna para las otras cosas de los asuntos, entre una nostalgia de olivos y un estorbo de rascacielos. Una Porcuna donde el abuelo aún continuaba con sus trabajos de corredor de aceites turbios para la confección de los jabones olorosos de la cosmética, los jabones de lavar las ropas o el fregar los suelos.

Cuando llegó la guerra civil, esa real proclamada vil, el padre es detenido, juzgado y encarcelado en Totana, por lo que él, con sus once años, su madre y sus hermanos se van a vivir al cortijo de San Pedro, por donde las termas romanas y las aguas buenas para el ablande de los garbanzos, donde la madre ejerce de casera y preparadora de los alimentos agrarios, y los hijos niños se encargan de las labores agrícolas unos y los más niños en la guarda de los animales del cortijo, acorralando pavos, persiguiendo cabras, cebando cochinos, preparándoles a los mulos los pesebres de las pajas y las cebadas y recogiendo los estiércoles para el abono de los plantíos y las mejoras de las tierras. Y de vez en cuando jugar al juego del escondite por detrás de los vallados de los huertos o por la otra luna del canto de los mochuelos, imitando a las aves nocturnas o persiguiendo estrellas, sin más caminos de ida que los caminos de vuelta.

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Fotografía: Juan Manuel Torres Guitérrez

A la vuelta del padre encarcelado, y en el transcurrir de aquellos años de paz institucional, la familia continúa con el negocio de los jabones, pasa el padre al oficio de corredor dejándole a Manuel Torres lo de las ventas del picón, el carbón y la fabricación de jabones con los aceites turbios de las fábricas, hasta que Manuel Torres casa con Aurora Gutiérrez, allá por el año de 1957, compra una pequeña vivienda en la calle Barrionuevo, en el número 12 para poner su despacho de jabón, polvos para los fregados y los lavados, la sosa, el picón y el carbón, para comprar luego la casa del número 21 donde instala Manuel su definitiva fábrica familiar de jabón, con su caldera, sus moldes, sus mejunjes, sus aceites y sus alambres cortadores, y los productos de olor para los jabones perfumados, y adquiere su famoso carromoto, que recorrería, en su traqueteo de su máquina descompuesta, pero alarmante y como progresista todas las calles de Porcuna, una detrás de otra, pregonando picones negros como su cara y despertares blancos como su espíritu.

Por la covachuela de la calle Barrionuevo, la alacena de los negros y las telarañas, por donde entraban los picones y los carbones esperando las talegas y las cubetas de plástico de los compradores. Por la covacha del picón y del carbón, el susto genial de las cuevas negras de los murciélagos, en donde, mientras Manolo iba por las calles vendiendo los sacos completos al por mayor, los del buen vender y el mejor pagar al contado, con alguna que otra nota de apunte y de suspense, Aurora vendía al granel los pesados pequeños, los de apenas unos kilos, los que en los braseros duraban un par de días y un par de cochuras de potajes en las hornillas de yeso. La cueva oscura y fantasmal, mazmorra de castillo en la coqueta alcazaba de la calle Barrionuevo, donde los niños de los recados, cargados con sus talegas o sus cubetas de plástico que todas daban en el azul color, entrábamos con las pocas monedas en las manos para el par de kilos del negro mineral de los bosques petrificados, intentando siempre encontrar, o temiendo encontrar, el negro fantasma del espíritu de los picones pululando por el ambiente tan denso y tan gremial, quizá ese hombre de negro y de saco de los sustos infantiles, que nos ponía el miedo en el cuerpo y el acecho por las bocacalles oscuras. Cuchitril en negros desteñidos, casi grises, y telarañas dibujando tules y sedas blancas por donde ascendían y descendían las arañas de largas patas mirándonos siempre con gula caníbal y proclividad de cuento contado a los niños malos, a los que se portaban mal en el mal de los pecados o en el mal del mal sueño para que tuvieran sueños terribles y arrepentimientos de conciencia: esa lira tan sutil y tan menospreciada.

Aurora pesaba en la balanza, en la romana o en el peso con sus platillos de cobre las dos pesetas del picón y la almorzada del carbón vegetal como mineral de mina, con sus manos blancas de madre cocinera o de monja pastelera sin más pastel que el carbón dulce del Día de Reyes, a las que el polvo espiritual de las brasas apagadas las iba maquillando de tan oscuras cenizas, que, cuando Aurora las tocaba en palmas para quitarse de ellas los oscuros polvillos voladores, convertían la cueva fantasmal y arácnida en una lluvia gris, como lluvia de arena de los desiertos o vientos de ceniza traídos de un incendio de ramones quemándose o un volcán apagándose por los montecillos.

La covacha negra del picón en aquel portalón sin ventanas y muchos negros y mucha telaraña, y polvillos que se metían por la boca y por las narices tiñendo de negro las salivas y las mucosidades hasta ser los niños mineros de esa mina, pero, los niños siempre temiendo que, por las escaleras que daban a la cámara donde se amontonaban los sacos llenos de las viandas de los braseros y de las hornillas, y las jergas vacías colgadas de los clavos como pellejos de vino colgando en los techos de las posadas quijotescas, en cualquier momento podría descender un fantasma, un fantasma de negro, espectral y tiñoso, tan parecido al tío del queso en su negro blusón de nuestras pesadillas infantiles para meternos el miedo en el cuerpo de los ojos. Así que, cuando algún ruidillo nos llegaba desde la cámara alta con su mínima ventanica a la calle, los niños intentábamos huir calle abajo o calle arriba, con el miedo en el cuerpo, las pesetas en los bolsillos, y sin más talega ni cubeta que un olvido pasajero, cuando todo lo más el ruido venía de algún que otro ratón intentando morder aquel aroma de negros metidos en sacos pajizos:

-La verdad, es que el sitio, de tan negro, da miedo, Aurora.

-Lo que de verdad da miedo es ver un brasero sin picón o una hornilla apagada…

Y por la otra casa, donde los Torres-Gutiérrez tenían su vivienda con sus salitas, sus dormitorios, sus patios y su cuadras, nos acercábamos también, dejando el picón a la puerta, para que Aurora nos vendiera las pócimas mágicas de los jabones primorosos, aquellos que le enseñó a fabricar su suegra, Isabelica “La del jabón” : los hermosos trozos de jabón en sus colores teñidos o en sus blancos naturales, en sus aromas delicados si eran jabones de tocador o agrios y austeros, y como oliendo a limpio de pila de lavar, si eran estos para el lavado de las ropas, el lavado de los platos y las cacerolas o el fregado de las losas de las casas, aquellas hileras de piedras lisas, como a modo de esterillas, por donde las bestias emprendían las caminatas hacia las cuadras pasando por las salitas, y dejando a un lado las habitaciones de las camas y el hogar de las cocinillas y los patios con vallados. La pequeña droguería del hogar de los Torres-Gutiérrez, sin mostrador ni vitrinas ni estantes de madera ni cortinillas de trastienda de la calle Barrionuevo, donde se vendían los jabones de los aceites turbieros, o los tintes para la cal, los estropajos de esparto y los polvos de “Arilé” o los “polvos americanos”, los de la limpieza absoluta para el blanco más reluciente, o las cubetillas de plástico, y hasta si posible fuera, los orillos del chocolate con que se tapaban las brasas recién encendidas de los braseros de metal, para la combustión perfecta.

El mundo de los oficios, de los muchos oficios de Manuel Torres, que no sólo vivía y se las componía del picón, del carbón y del jabón natural casero, ni de los polvos de droguería en sus mágicas blancuras de antaño de lavado a mano y en pila de piedra con la guitarra de la tabla de lavar, sino que, ya con furgonetilla nueva, tipo camioncillo, se dedicaba Manuel a los trabajos más diversos y a los portes más necesarios, que si repartir las gaseosas, la leche y el vino con Vicente Bellido “El jabonero”, o a la retirada de escombros de las obras, donde, Manuel, aparte de retirar escombros y tirar trastos viejos, en unos tiempos que, desde los interiores de las casas en obras se tiraba todo lo que tuviera más de un segundo de existencia, Manuel esforzábase en tirar lo forzoso y salvaguardar lo que en absoluto debería tirarse por los terraplenes del vertedero de la calle San José, que si un mueble para su arreglo, que si un utensilio del ayer, ya fuera de adorno, que si una colección de libros, que era muy típico en los días de la incultura tirar los libros como si fueran basura. Y cuando no, el transporte esporádico de muebles en sus mudanzas de larga duración y más kilometraje, cuando ya los asuntos del picón iban en sus declives comenzando las modernidades de los butanos y los enchufes de la luz, y el jabón casero ya se vendía en las mercerías, las droguerías y las tiendecillas de las calles, con más y mejores aromas y excelsas presentaciones en sus papeles pintados. Viajes de mudanza que lo llevaban por los nortes más nortes del pueblo; ahora a Durango, en la mudanza de Salcedo, el profesor que creo la coral de Porcuna, que si Barcelona, que si Lérida, que si Granada con los muebles de Mari Pepa, la que fue maestra en las Monjas. Viajes que a setenta kilómetros por hora, cuando se podían coger, por aquellas carreteras tan africanas, con tantos baches, con tantos barros, y con la tornadiza, casquivana y tronadora caminata de la furgoneta, con los muebles entre mantas para el roce de los desconchados, se tardaban días en el ir y en el volver, dando lo más el camino para la comida de un bocadillo de salchichón y un trago de gaseosa, a la sombra de un árbol y un arroyillo sereno a la vera de un camino y a la sombra de un árbol.

Acabadores los días del hombre en sus trabajos. Ayudando en las horas de los repartos de las bebidas con su cuñado Román “El Litri”, compartiendo aquellos repartos con las ventas mínimas de los últimos sacos de picón de la covacha de la calle Barrionuevo, y los escombros de una u otra obra, hasta que de estos se hicieron cargo los almacenes de construcción, y hasta repartir bombonas de butano color naranja del sitio de Peláez, por la carretera de Alharilla, por Porcuna y por Lopera, y ya con su espaldas doloridas y cansadas soportando tantos pesos y tantas caminatas.

El Manuel Torres Amate de los carricoches y los múltiples repartos por la Porcuna aquella que guarda en su memoria el sonido de su furgoneta, pero que, sobre todo, conserva en el ayer de sus paredes y en interior de sus hogares de antaño, de sus aceras y de sus aires, sobre todo, a aquel Manuel Torres Amate del carromoto, el de los negros combustibles de los braseros, las cocinillas y los saloncillos, al Manolo “El del picón”, sobre todas las cosas y sobre todos los oficios señalados.

De entre las tiznes del picón, Manuel Torres asomando, un negro de antiguo blanco, un blanco de antigua esencia, que en el hoy de las ausencias ya son arcanos olvidos, resquemor de los aullidos, palabras para la Historia, rincón para la memoria, que es rincón para el olvido, como poluto chillido con las orejas tapadas y los vientres sin ombligos. Trotamundo de los vivos, rincón de las cosas muertas. Manuel Torres abre la puerta y se vuelve a sus tareas. Por Barrionuevo escalera de su covacha de luto; sacos de picón y arañas tejiendo la espera larga de los antiguos oficios. Piconero de los silos oscuros de los braseros y las hornillas de yeso. Piconero de los huesos de los bosques ambarinos. Carromoto con chirridos y vozarrón ambulante. Manuel Torres de los jaques y los mates del brasero, aledaños corraleros y los sueños cavernarios. Bienestar de los milagros austeros de las sayuelas. Calor de las horas quedas y las radios con canciones. Alcancías con vapores y voces al mediodía. Las alegres melodías de los hirvientes potajes. Polvo de fuego y de alambre. Manuel de negro y de sangre. Mientras los braseros arden tus portes de la montaña, por las odas de la espalda los jabones del aceite abren sus olores fuertes, o sus almas delicadas. Ungüentos de lunas pardas o de soles amarillos. Del negro y blanco tus brillos, tus alas y tus trabajos. Piconero de los tajos y los trapajos de saco. Vuelan los fantasmas claros para teñirlos de hollín en tu covacha de ensueño con balanza y con romana. La hora de las proclamas llama a tu puerta en la tarde. A las ventanas le arden las llamadas sin respuesta. Manuel de las horas quietas en el patio del hogar. Manuales del azar, lecturas viejas de Historia. En el hoy de la memoria recuerdo a aquel piconero por las calles de la infancia. Piconero de las jarcias y las auroras de lumbre.

ALFREDO GONZÁLEZ CALLADO

Acuerdan la supresión de un día de mercadillo

El pleno celebrado en el Ayuntamiento de la localidad acordó ayer la supresión de un día de mercadillo con los votos a favor del grupo popular y el andalucista, mientras que los socialistas se abstuvieron. La moción ha sido presentada por el portavoz andalucista, Francisco Javier Moreno, quien defendió la propuesta “por la grave situación que atraviesa el comercio local que no puede soportar la competencia de dos días de mercadillo”.

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La actual situación del comercio local debido a la crisis económica que atraviesa el país. Este fue el tema principal del pleno ordinario celebrado ayer en el Consistorio local. La moción de “apoyo al comercio” presentada por el grupo andalucista fue debatida por los demás grupos y aprobada, aunque sólo en parte. Tres de los seis puntos de los que constaba la moción fueron aprobados por los concejales porcunenses. La principal propuesta acordada fue la supresión de un día de mercadillo, “preferentemente el miércoles”, según rezó el portavoz andalucista.

A esta se le sumó la puesta en marcha de una campaña informativa del comercio local en los medios de comunicación y la creación de una feria comercial para la liquidación de stock. Por otro lado, las propuestas andalucistas que no salieron adelante fueron la creación de nuevas zonas de aparcamiento en el centro de la localidad y la reducción de la tasa de basuras y del Impuesto de Bienes Inmuebles para los comercios con actividad.

Durante el debate sobre la moción, el portavoz andalucista defendió “el poco apoyo institucional al comercio local” y sostuvo “el daño que hace a la economía local tener dos días de mercadillo”. Por su parte, el alcalde de la localidad, Miguel Moreno, respondió a estas afirmaciones enumerando las acciones realizadas desde el Ayuntamiento en los últimos años a favor del comercio local como la feria del aceite, la mejora del polígono industrial o la creación del Mercado Medieval. La portavoz socialista, Isabel Aguilera, mantuvo que la supresión de un día de mercadillo “podría beneficiar a unos y perjudicar a otros comercios”, aunque vio con buenos ojos la supresión temporal “para ver la reacción de los porcunenses”.

Respecto a la reducción del 20 por ciento del IBI para los comercios propuesta por los andalucistas, el equipo de gobierno se negó rotundamente, y anunció que en el próximo pleno se propondrá la reducción de este impuesto en un 10 por ciento para todos los porcunenses.

En el apartado de ruegos y preguntas, el alcalde de la localidad respondió a la oposición. Los 12.000 euros que el Ayuntamiento ha invertido para la Coronación Canónico Pontificia de la Virgen de Alharilla, y la inversión de 40.000 euros para la adecuación de los silos, fueron los temas más importantes.

MANUEL J. MOLINA SALAS / REDACCIÓN

El atracón de Podemos

El malestar europeo contra sus partidos tradicionales se expresó de muy diversa manera en la europeas. En Francia ganó la hija de Le Pen; en Grecia, la izquierda radical de Syriza. En Italia, Beppe Grillo, aunque ya en baja, pasó del 20 por ciento. En España, unos neotrotskistas bautizados como Podemos casi llegaron, pero sin pasarlo, al 8 por ciento.

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Pareciera que tienen mayoría absoluta y, en cuanto a presencia mediática por tierra mar y aire y en sesiones de mañana, tarde y noche, ni los mejores agentes del Komintern o del Reich hubieran podido soñar con tan inmejorable nivel de agitación política con ellos como referente.

El atracón que la sociedad española está deglutiendo de Podemos solo tiene parangón en un sueño de Gargantua. Nada que objetar. Cada cual se come los pollos que quiere. Cada medio es muy libre de convertir a Belén Esteban en princesa del pueblo y luego sustituirla en la cochiquera por un mozo con coleta y presentarlo a presidente de Gobierno o a Chiquilicuatre y mandarlo a Eurovisión.

Por ahora, donde está, es en el Parlemento Europeo, con otros cuatro, y lo que tiene es un montón de pájaros volando que le hacen delirar en que convertirá a España en la Unión de Repúblicas socialistas, bolivarianas y comunales de la Iberia Citerior e islas adyacentes con una asamblea de perroflautas como parlamento y con la momia de Chávez como icono ante el cual juren los embajadores extranjeros.

Despues de unos días discutiendo con ellos, me van a perdonar que me los tome como lo que son. Unos chicos de mi facultad que se han encontrado en un momento en que les ha sonado una flauta.

Las críticas que ellos hacen al sistema, a nuestra democracia, a nuestra clase política y a nosotros mismos las comparte cualquier español decente. Que los gobernantes no se enteran de la desafección del pueblo que gobiernan ha contribuido aún más a ello. O sea, que hay cabreo generalizado.

Mucho y muy impostado desde una izquierda que ahora maneja el mantra de que un austericidio (que en sí mismo es un dislate porque significa "matar la austeridad") ha sumido en la miseria al pueblo.

En realidad, lo que había, porque así lo dejaron: era un país cayendo a peso muerto por un despeñadero que era de “habernos matao” y que ellos tuvieron algo que ver en el desastre. Pero no, porque ellos solo quieren el bien para el pueblo y son estupendos de oficio.

Las críticas que ahora encabeza y de las que se nutre Pablo Iglesias el Mozo –para no confundirlo con el fundador socialista- están muy cargadas de razón. O sea, que se comparten por muchos.

Ya empieza a haber cierta disputa en que ha sido la maligna derecha, que es la hija mayor de chico pequeño de Lucifer, la culpable de todos los males, porque resulta que lo que han hecho sus colegas del buen rollo años de atrás, y muy mayormente los del cuentanubes, es de alivio de luto.

Pero una cosa es la crítica y otra las recetas. ¿A alguien en su sano juicio se le ocurre pensar como sería nuestra vida con Iglesias, Monedero y Errejón, como presidente y ministros de Economía y Exteriores-Interior?

Una cosa es hacer Agitprop en las teles de los rojos –Berlusconi y Lara, por cierto- en la que luego habría que poner, alcanzado el poder, a los comisarios politicos (vayan mandando los currículum al “camarada Cintora”) y otra lo de comer, llevar a los chicos al colegio y pagar las pensiones.

Me parece y me da que la burbuja de estos redentores está cada vez más hinchada, tiene encantada a la gente que menos se esperan. Porque lo que está sucediendo es que tienen descuartizada a la izquierda, que es lo que ya tenía advertido Vladimir Ilich Lenin con estas “enfermedades infantiles” y muy revolucionarias. Que a quien tienen de los nervios es al neonato Sánchez y al paleo comunista Lara

O sea, que no se si sacarán un 10 o un 15 o un 20 por ciento. Pero sí sé que las sociedades democráticas occidentales tienen mejores referencias y, sobre todo, cierta información de sus paraísos. O sea, que veremos cuánto quedan en la mano y en las urnas de tanta bandada.

Aunque, personalmente, es de pensarse hacerse intelectual de Podemos, okupa de algo y ponerse de moda. Porque molar, molar, mola. Y cuando la burbuja explote se escribe que fue “el mayo”. Y que además en éste sí estuvimos.

ANTONIO PÉREZ HENARES

23/7/2014

El Club Natación Porcuna consigue 26 medallas en la tercera prueba del Circuito Provincial

Los nadadores del Club Natación Porcuna consiguieron el pasado domingo un total de veintiséis medallas en la tercera prueba del Circuito Provincial de Natación. Celebrada en Andújar, esta prueba reunió a jóvenes nadadores de toda la provincia para disfrutar un fin de semana más del deporte acuático. Un total de veinticinco nadadores del club porcunense participaron en la prueba.

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Nueve oros, nueve platas, y ocho bronces. Este es el bagaje conseguido por el Club Natación Porcuna el pasado domingo en la tercera prueba del Circuito Provincial de Natación organizado por la Diputación Provincial. Aunque el grado de exigencia del club es tal que no ha quedado satisfecho. “Nos hemos visto en mayores dificultades para alcanzar el gran número de triunfos de ediciones pasadas porque han participado menos nadadores y por las nuevas dimensiones de la piscina iliturgitana”, explica el entrenador del club, Félix García.

Desde el club afirman que “el hecho de enfrentarse a una piscina de cincuenta metros de longitud ha hecho que la mayoría de los nadadores porcunenses aumenten su tiempo por no tener viraje”.

A pesar de esto, cabe mencionar la buena actuación de algunos nadadores porcunenses ya que han conseguido bajar sus marcas. Además, Alberto Palomares y Rosa Santiago llegaron a hacerse con tres oros en sus tres actuaciones. Pero la mejor actuación del Club Natación Porcuna fue en relevos libres donde quedó campeón de nuevo.

REDACCIÓN / PORCUNA DIGITAL

Simpatizar con el perdedor

Reconozco esta tendencia en mi carácter: elijo siempre a la parte más débil de cualquier confrontación. Es una actitud que procede de mi forma de pensar (el débil se enfrenta al poderoso espoleado por la razón o porque ya no soporta más abusos) y de mi personalidad. Me considero perdedor, soy uno de ellos.

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Por tal motivo, si fuera militante socialista, yo hubiera votado a José Antonio Pérez Tapias, quien cosechó el menor número de votos en las primarias que designaron a Pedro Sánchez como secretario general del PSOE.

Era el candidato que mejor me caía y mejor discurso construía, seguramente por su bagaje filosófico, más próximo a las ideas utópicas que al pragmatismo político que impulsa hacer lo que se pueda, no lo que deba.

De igual manera, soy partidario de la causa palestina por su inmolación frente al poderoso Estado militar de Israel, de cuya arrogancia, crueldad e impunidad para asesinar tenemos sobradas muestras. Son dos ejemplos distintos y distantes que evidencian mis simpatías.

En el primer caso, serían muchas las lecturas que podrían hacerse del proceso de primarias instaurado por el PSOE como mecanismo para la elección de los cargos más importantes de una formación política y que afectan al ciudadano, como son los del secretario que dirigirá el partido y el candidato que propondrá en unas elecciones generales, autonómicas o municipales.

Como herramienta en sí de participación, abierta a todos los militantes no sólo a los compromisarios, las primarias representan un paso positivo en pro de una mayor democracia y transparencia en el funcionamiento de cualquier formación.

Distinto es la forma de seleccionar a los posibles candidatos, ya que, en el caso de los socialistas, requiere el aval de un número importante de militantes, requisito que sólo pueden cumplimentar los compañeros que sean muy conocidos en el partido en función de su actividad orgánica o su puesto público.

Es decir, salvo honrosas excepciones, los candidatos siempre serán propuestas de los aparatos burocráticos, decididos a renovar la “tarjeta de visita” con la que se presentan a la gente para que nada cambie, como aconsejaba Lampedusa a través de su personaje Tancredi en El Gatopardo: "Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie".

En ese contexto, la figura de un tercero en discordia, José Antonio Pérez Tapia, resulta muy atractiva por provenir, no del aparato oficial, sino de la militancia anónima que conserva la ilusión por unas ideas de transformación, progreso y justicia en la sociedad, se adhiere a aquellos viejos ideales socialistas de justicia, igualdad y libertad que todavía no han sido pisoteados por los intereses del mercado y el sistema político que los favorece.

Este candidato era, a todas luces, el perdedor por utópico de una confrontación que buscaba modificar antes el escaparate que la estructura del PSOE, y en la que ha resultado vencedora la apuesta del aparato. Yo hubiera estado entre los perdedores votantes de Tapias, satisfecho por haber tenido la oportunidad de manifestar mis preferencias perdedoras de manera tan inútil.

En el segundo caso, me alineo con la causa palestina en el conflicto que enfrenta a esta devastada “reserva” árabe con Israel y su capacidad de fuego y destrucción, acorralada no sólo por un humillante muro de separación, sino por la infestación de centenares de colonias judías con las que se intenta “disolver” aquella población originaria del territorio.

Estoy a favor de la perdedora Palestina a pesar del execrable crimen de asesinar a tres jóvenes judíos secuestrados y que ha dado lugar a un, a todas luces, excesivo “castigo” que ya acumula cerca de 200 víctimas muertas por el impacto de las bombas de la aviación israelí, en su mayoría civiles, no sobre Cisjordania, donde se produjo el secuestro, sino en la Franja de Gaza, donde gobierna el movimiento Hamás, enemigo acérrimo del Estado sionista, aprovechando la ocasión para aniquilarlo o, al menos, debilitarlo.

Se trata de la enésima reactivación de un “conflicto” histórico surgido cuando se dividió Palestina para fundar el Estado de Israel. Desde entonces, a pesar de las numerosas conversaciones auspiciadas por la ONU o EE UU para lograr una paz estable en la región, jamás ninguno de los radicales de ambos bandos ha permitido que culminaran con éxito, mediante provocaciones e intransigencias recíprocas que interrumpían las negociaciones.

Pero siempre perjudicando a los palestinos, únicos perdedores de la tierra, los recursos, los bienes y las vidas por el dogmatismo y la cerrazón de los poderosos que pueden permitirse la inmoralidad de pisotear al débil cada vez que les apetezca o convenga.

Y ahora conviene atizar a Hamás y arrasar las pocas poblaciones en las que malvive un pueblo que parece ser culpable del holocausto judío, dada la crueldad y fiereza con la que se le castiga. Frente al prepotente Israel, yo prefiero a los palestinos y su causa perdida. Me lo exige mi moral y mi forma de ser.

Por eso, y con dos ejemplos basta, me atraen los perdedores. Suelen tener la razón de su parte y la ética de su perdición. No vencen, pero convencen, y sus convicciones arraigan más en el tiempo que los triunfos materiales de los poderosos.

La humildad de unos frente a la arrogancia de otros no tiene comparación y hay que ser muy cínico para hacer de comparsa con el ganador. Así que, puestos a decidir, yo escojo siempre al perdedor. No lo puedo evitar.

DANIEL GUERRERO

22/7/2014

Nace Marketjob.net, la nueva plataforma global para encontrar trabajo y buscar profesionales

La nueva plataforma digital Marketjob.net acaba de ponerse en marcha. Desarrollada para albergar una amplia base de datos de profesionales que responda a las necesidades reales del mercado laboral, tiene como objetivo reducir la inversión en tiempo y recursos que debe realizar una empresa para encontrar el candidato ideal.

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Como explica Xavier Oleart, director general de Marketjob.net, “somos un punto de encuentro entre las empresas y los profesionales registrados, con independencia de que exista o no un proceso de selección abierto.

En sólo tres minutos, el registro en la plataforma permite al usuario la oportunidad de hacer más visible su perfil profesional ante empresas de cualquier sector y en cualquier lugar del mundo. Debe tenerse en cuenta que las referencias externas son uno de los factores que favorecen el posicionamiento en los resultados de búsqueda, de manera que el usuario sabrá periódicamente qué empresas se han interesado por su perfil”.

Marketjob.net está centrado en la calidad de los resultados de búsqueda para facilitar a las empresas la identificación de los perfiles más idóneos en función de cada necesidad. Como recuerda Oleart, el origen de la idea surge “de mi propia experiencia como empresario: ¿quién no se ha visto desbordado alguna vez al recibir cientos de solicitudes a un puesto de trabajo? ¿cómo realizar una gestión eficaz para escoger al candidato más adecuado? Un proceso de selección se puede alargar entre 3-6 meses y requiere una gran inversión tanto en tiempo como en recursos. Por eso pensamos que teníamos que crear una herramienta eficiente para identificar de manera inmediata a los profesionales más interesantes para nuestra empresa”.

Los estudiantes Martí Tudela y Xavier Oleart, que han participado en el desarrollo de la herramienta han señalado que el poder involucrarse “ha supuesto una ilusión un reto y un gran aprendizaje. Estamos contentos de formar parte de un proyecto con tanto recorrido”.

Identificación inmediata de candidatos

El sistema ofrece, entre otras opciones, filtrar por nivel de estudios, experiencia, habilidades y área de especialización, lo que permite identificar de forma inmediata a los candidatos más óptimos para un puesto vacante.

Además, la plataforma fomenta la comunicación sin intermediarios entre profesionales y empresas, e incluye una guía con información práctica y recursos útiles sobre el mercado laboral en todo el mundo.

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“Por ello, está preparada para reconocer español, chino, inglés, francés, portugués, alemán, ruso y japonés -los ocho idiomas más hablados en el mundo-, con capacidad de albergar hasta 40 millones de CV y reconocer 1.091 profesiones en 147 sectores, con el fin de eliminar fronteras y fomentar la movilidad laboral y los contactos profesionales en el difícil contexto actual. Nuestro objetivo es contar con 10.000 empresas y 500.000 CV registrados en un año”, detalla Oleart.

Para empresas, desempleados, estudiantes y profesionales

El público objetivo al que está dirigido son empresas de cualquier sector, desempleados en búsqueda activa, estudiantes que se incorporan al mercado laboral y profesionales interesados en dar mayor visibilidad a su perfil. Algunas de las principales empresas ya registradas son Mapfre, Abertis, Fagor, Copsa y Otsuka Pharmaceuticals, entre otras.

“A diferencia de otras herramientas de búsqueda de empleo, en nuestra plataforma no se cuelgan ofertas ni somos una red social: las empresas buscarán directamente a los candidatos en todas las profesiones y en todos los sectores en un extenso catálogo de profesionales, sin pérdidas innecesarias de tiempo, sin coste y de manera mucho más eficiente”, recalca el director general de Marketjob.net.

REDACCIÓN / ANDALUCÍA DIGITAL

Abierta la inscripción para el curso ‘Atención sociosanitaria a enfermos de Alzhéimer’

El Ayuntamiento de Porcuna organiza el curso formativo ‘atención sociosanitaria a enfermos de alzhéimer’. Este curso es ofrecido por la Diputación de Jaén, que se encuentra dentro de su plan ‘Jaén proempleo’. El objetivo de este proyecto es el de ofrecer a personas demandantes de empleo una oportunidad de práctica profesional acompañada de la formación adecuada. Se trata de un curso de trescientas horas, en el cual el plazo de inscripción se abrió el pasado día 15 de julio, y se cerrará el próximo 25 del mismo mes.

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Se encuentra abierto el plazo de inscripción para la realización del curso formativo ‘atención sociosanitaria a enfermos de alzhéimer’. Hasta el próximo 25 de julio se pueden realizar las inscripciones para este curso a través de tres vías. La primera opción de inscripción es telemática, ya que se puede realizar a través de la página www.proempleo6.es. También se puede formalizar la inscripción a través de las oficinas del Ayuntamiento de Porcuna, o bien en el centro Guadalinfo. El plazo de inscripción quedará cerrado el próximo viernes 25 de julio.

El curso formativo ‘atención sociosanitaria a enfermos de alzhéimer’ consta de un total de 300 horas que se reparten en 150 horas de formación específica, 125 horas de prácticas laborales en empresas y 25 horas de módulos transversales. El objetivo de la realización de este curso es que los alumnos estén capacitados para realizar de forma autónoma y responsable, las distintas atenciones primarias a los enfermos de alzhéimer o demencias similares.

Tres son los grupos de personas a las que va dirigido este curso formativo. En primer lugar a personas desempleadas demandantes de empleo de municipios de Jaén menores de 50.000 habitantes.

Otro colectivo al que va dirigido es a personas desempleadas demandantes de empleo de municipios de la provincia de Jaén que no lleguen a 50.000 habitantes con especiales dificultades para su acceso al mercado laboral debido a su situación de riesgo de exclusión social. Por último, va dirigido a personas menores de 30 años y mayores de 45, personas desempleadas de larga duración.

REDACCIÓN / PORCUNA DIGITAL

La lista más votada

Cierto revuelo ha causado en la oposición la propuesta de Mariano Rajoy de plasmar en una ley la reforma electoral que permita a los candidatos de la lista más votada acceder a la Alcaldía a partir de las próximas elecciones municipales.

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Recuerdo que en 1987, en el municipio cordobés de Cabra, se produjeron unos resultados electorales muy singulares. Fue el PSOE el que obtuvo el mayor número de concejales, siete en total, pero otras cuatro fuerzas políticas obtuvieron representatividad en la Corporación: el CDS, que obtuvo cinco ediles; Alianza Popular, cuatro; el Partido Comunista, tres; y el Partido Andalucista, dos.

En los días anteriores a la constitución del nuevo Pleno, fueron muchas las reuniones que se mantuvieron, pretendiendo que fuese el candidato del CDS quien ocupase la Alcaldía con el apoyo del resto de fuerzas políticas, a excepción de los socialistas.

En aquella ocasión, los cuatro concejales populares eran decisivos para conformar una mayoría de once y, finalmente, optamos por no entrar en la coalición de fuerzas y, simplemente, votar a nuestro candidato, con lo que el representante del PSOE accedía, como lista más votada, a la Alcaldía.

Posteriormente, incluso, asumimos responsabilidades de gobierno a fin de dar estabilidad a la gestión municipal. No se entendió nuestra actitud por parte de un sector importante de la población que, parece ser, hubiese preferido una gran coalición de muy difícil ajuste programático y en la que hubiesen tenido que confluir ideologías entonces muy distantes entre sí.

Y es que no es tan sencillo valorar las intenciones y los gustos de un pueblo cuando reparte sus votos de forma dispar, sin otorgar mayoría absoluta a ninguna de las formaciones políticas que electoralmente se le ofrecen.

Porque tan complicado es gobernar con mayoría simple cuando son el resto de fuerzas políticas las que gozan de los votos necesarios para la toma de decisiones plenarias tan decisivas como la aprobación de presupuestos, ordenanzas fiscales, etc., como hacerlo con uno u otro de los partidos presentes en la Corporación, sin que tal posibilidad se haya trasladado a la ciudadanía previamente a la emisión del voto.

Supongamos que en las municipales de 2015 en el Ayuntamiento de Córdoba se produjesen unos resultados que dieran al PP once concejales, siete a IU, siete al PSOE, dos a Ciudadanos, uno a UCOR y otro a Podemos. En total, los veintinueve que corresponden a esta Corporación de una capital andaluza.

Resulta evidente que la lista más votada es la del Partido Popular, si bien sin mayoría absoluta, aunque con la reforma de la ley accedería a la Alcaldía de la ciudad. Nos encontraríamos con un Gobierno municipal que, tal vez, podría llegar a un acuerdo con Ciudadanos y UCOR, pero que enfrente se encontraría con una oposición que bien podría conformar una mayoría absoluta de bloqueo que haría ingobernable el municipio.

De ahí que no resulte tan simple el llevar a la práctica aquello de dejar gobernar a la lista más votada que, por cierto, también ha defendido el PSOE en su programa electoral, si no se articulan mecanismos que puedan garantizar el ejercicio del poder efectivo por parte de quienes accedan al gobierno municipal, poniendo con ello en cuestión el papel que deberá jugar la oposición en el ejercicio democrático de la representatividad ciudadana.

Otra cosa es si resulta correcto o no modificar las reglas del juego cuando quedan pocos minutos para su conclusión… Mi opinión es que el Gobierno de Mariano Rajoy no dará ese paso, si bien hora es ya de que todas las fuerzas políticas dejen de mirarse al ombligo, defendiendo sus intereses corporativos frente a los de la población, y se pongan de acuerdo en reformas como esta, la de la Ley de Partidos u otras muchas que deberían salir adelante a través del consenso en un país, no lo olvidemos, que tiene graves retos de todo tipo que afrontar.

ENRIQUE BELLIDO

21/7/2014

La Virgen de Alharilla ya se encuentra en su ermita tras un mes de visitas

La patrona de Porcuna descansa ya en su ermita. En la madrugada de ayer se procedió al último de los traslados a los pueblos colindantes antes de la Coronación Canónica-Pontificia, celebrándose así el traslado de Arjona a la aldea de Alharilla. Era las seis de la madrugada cuando la Virgen de Alharilla aparecía bajo el marco de la iglesia de San Martín portada por los vecinos de la localidad para efectuar el camino de vuelta a casa.

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Arjona se despidió ayer de la Virgen de Alharilla poniendo fin a una semana que no olvidarán. A las seis de la madrugada la patrona de Porcuna pisaba las calles de Arjona portada por sus vecinos.

Miles de personas se congregaron para despedir a la Virgen de Alharilla. Mucha era la prisa que se metía desde la Cofradías de Arjona y Porcuna a toda la gente que acompañaba a la Virgen, ya que en esta ocasión era muy amplia la distancia que había que recorrer hasta salir del pueblo, y también intentar de cumplir al máximo los horarios establecidos, ya que al llegar a la aldea de Alharilla se celebraría una misa de campaña en el Llano.

Tras casi dos horas de procesión y cantando el himno de los santos San Bonoso y San Maximiano, el pueblo de Arjona se despedía de la Reina de la Campiña. Llegó así el momento que en cada traslado emociona a unos y otros. Las mujeres de Arjona le cedieron sus puestos en los varales a los porcunenses. Eran las ocho de la mañana cuando los anderos de Porcuna depositaban a la Virgen de Alharilla en la carreta tirada por mulas.

Comenzó así de nuevo otro peregrinaje junto a la Virgen de Alharilla. La Virgen volvía de nuevo a su casa tras un mes visitando a los pueblos de las cofradías filiales. Miles fueron los peregrinos que acompañaron a la Virgen de Alharilla en su vuelta a la aldea, como también fue la multitud de caballos que decidió hacer el camino de vuelta a casa, de Arjona, Arjonilla y Porcuna.

La climatología acompañó durante toda la jornada, ya que la bajada de temperaturas fue notable, y los peregrinos así lo agradecieron. Llegando a la altura del helipuerto de Porcuna, los anderos se dispusieron a portar a su patrona hasta su aldea, no sin antes escuchar unas emotivas palabras de agradecimiento a todas las personas que han hecho posible todos estos traslados por parte de José Daniel Heredia. Tras sus palabras llegó el momento esperado por todo el pueblo de Porcuna, la Virgen de Alharilla llegaba de nuevo a su casa.

La Virgen de Alharilla hizo entrada a la aldea cerca de las once de la mañana. Un momento emotivo fueron las sevillanas del coro ‘Alegría del Llano’ desde el balcón de la casa de Eligio.

Multitudinaria fue la entrada de la Virgen de Alharilla al Llano de Alharilla donde todo el pueblo de Porcuna la esperaba. Los anderos trasladaron a la Virgen hasta un altar improvisado en el Llano donde se procedió a la celebración de la eucaristía al aire libre.

Una vez concluida la misa de campaña, la Virgen de Alharilla hacía entrada a su ermita un mes después de las visitas que ha realizado a los pueblos de las hermandades filiales. La emoción y los “vivas” se sucedieron a la entrada de la Virgen a su casa.

De esta manera, se pone fin a los traslados organizados antes de la Coronación Canónica-Pontificia, ya que el próximo fin de semana, los anderos de Porcuna se dispondrán a traer como tradicionalmente se ha hecho a la Virgen de Alharilla hasta Porcuna, haciendo todo el traslado a hombros. Con esta histórica visita se dará comienzo a los últimos actos antes del gran día, donde la cuenta atrás ya ha comenzado.

FRANCISCO M. GARRIDO ROJAS / REDACCIÓN

¿A qué esperamos?

Los últimos acontecimientos en Gaza me devuelven la crueldad y el sufrimiento de una región a la que he dedicado muchos de mis esfuerzos profesionales y personales que, desgraciadamente, no logra poner punto final a más de 64 años de conflicto.

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Del lado palestino son ya más de doscientas personas las fallecidas en la última semana que, junto a edificios destruidos, se instala la desesperación de una población que duerme desamparada cada noche por los bombardeos y sin saber si al día siguiente alguno de ellos o de su entorno habrá desparecido. Del lado israelí, las sirenas de Tel Aviv, que no habían sonado desde la guerra de Irak, contaminan ahora la noche de las familias con temor e incertidumbre.

No quiero indagar aquí el origen o el por qué de esta nueva crisis, si bien nadie puede negar a Israel su derecho a una legítima defensa, aunque esta debe ser proporcionada. Todo el mundo ha condenado el rapto y la ejecución de los tres jóvenes israelíes, al que me he sumado personalmente. Y todos hemos condenado también el horrible asesinato de un joven palestino muerto por la sinrazón y a manos de la venganza de radicales y fanáticos judíos.

Ante esta situación, nos embarga la vergüenza ética y política al asistir impotentes a un despliegue de violencia que parece no detenerse y nos retrotrae a los episodios más dramáticos y tristes de la región.

Esta situación vuelve a mostrar la ausencia de coraje y valentía políticos de la comunidad internacional que está cada día más «cansada» de un conflicto que dura casi 100 años y que parece no tener vías de solución.

Salvo el oportuno y valiente gesto del Papa Francisco, los principales actores internacionales, al parecer, han "tirado la toalla" y no alcanzan una salida definitiva. La Administración norteamericana y el presidente Obama han reaccionado y han lanzado la voz de alarma en la comunidad internacional, mientras tratan de buscar un acuerdo similar al de 2012, junto a Egipto y Catar.

En este escenario, ¿dónde está Europa? ¿Qué hace o dicen los líderes europeos? Hemos leído fuera de las portadas de los rotativos y de los diarios digitales que Europa ha hecho tímidos llamamientos a la contención de las partes. Pero, ¿dónde están las diplomacias europea y española? ¿Qué catástrofe tiene que producirse para que nos movilicemos?

Creo que no debemos esperar ni un momento más a que la trayectoria de un misil produzca una tragedia mayor para que nos saque del letargo. Tenemos que reflexionar y actuar rápidamente para que Gaza no sea condenada a la indignidad de la muerte y el sufrimiento, y las familias judías al temor y la violencia. Hay que actuar con celeridad y movilizar de inmediato a la opinión pública internacional, aparentemente narcotizada por el mundial de fútbol o las vacaciones estivales.

La solución pasa también porque Europa asuma su responsabilidad y proponga un plan de paz que, en mi opinión, debe contener el doble reconocimiento de los Estados de Israel y Palestina, tanto por la comunidad internacional como por todos los Estados miembros de la Unión Europea. Y encauzar las negociaciones de paz para hacer realidad la solución de los dos Estados en convivencia pacífica y segura.

Se trata de movilizar a los principales países europeos para aplicar de forma inmediata la Iniciativa Árabe de Paz aunque, previamente, y de manera urgente, hay que forzar un alto el fuego inmediato y retomar a las negociaciones que, lideradas por Estados Unidos, fracasaron el pasado mes de abril.

Europa está obligada a enviar un mensaje claro a las partes y fijar un calendario hasta finales de año para que estas propuestas puedan dar sus frutos. De no ser así, Europa debe replantearse una revisión total de su política exterior hacia la región y proponer medidas más contundentes para romper el estancamiento del conflicto. ¿A qué esperamos?

MIGUEL ÁNGEL MORATINOS