La solidaridad y acogida de Cáritas Parroquial

Cada año, miles de inmigrantes se desplazan hasta la provincia de Jaén en los meses de noviembre y diciembre para buscar un trabajo en la recolección de la aceituna que, a veces, se resiste en aparecer. Cientos de esos miles confluyen en Porcuna.

La Gala del Deporte galardona a los mejores deportistas

La cuarta edición de la Gala del Deporte ‘Ciudad de Porcuna’ homenajeó anoche a la flor y nata del deporte porcunense. El cine-teatro María Bellido se vistió de gala para ofrecer, entre deportistas y equipos, ocho premios y seis menciones especiales.

"Porcuna necesita un Museo Arqueológico"

El director del Museo Arqueológico de Porcuna, Luis Emilio Vallejo, contesta a las preguntas de Porcuna Digital. Este doctorado en Bellas Artes y museógrafo plasma en la entrevista un recorrido por los 5.000 años de historia de la localidad.

Una feria con sabor a aceite

La Feria del Aceite ‘Ciudad de Porcuna’ está bien asentada en la localidad. Durante este fin de semana miles de porcunenses han salido a la calle para disfrutar de un evento que aúna diversidad de actividades. Además, el Paseo de Jesús se convirtió en un escaparate.

Contrapunto presenta su Festival de Cine

La Asociación Contrapunto apuesta un año más por su Festival Internacion de Cine con una actividad dirigida a todos los públicos. Esta edición contará con cuatro secciones: cine infantil, cine documental, cine de ficción y la sección correspondiente al concurso de cortometrajes.

22/4/2014

Consumo advierte de "prácticas comerciales abusivas" en algunas compañías eléctricas

Las autoridades de Consumo han advertido de prácticas comerciales “agresivas y poco transparentes” que están llevando a cabo algunas compañías eléctricas, aprovechando el cambio de facturación que introduce la nueva normativa.

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El nuevo sistema de nuevas tarifas de PVPC es efectivo desde el pasado 1 de abril de 2014, aunque las comercializadoras de referencia disponen de un plazo máximo hasta el 1 de julio de 2014 (tres meses) para la adaptación de sus sistemas, al objeto de que se pueda realizar la facturación a las personas consumidoras, según ha indicado Consumo Responde.

Durante el periodo transitorio, es decir, entre el 1 de abril y el 1 de julio, ambos de 2014, y siempre que la compañía eléctrica no esté adaptada a la nueva norma, se seguirá facturando de acuerdo con lo facturado, en cuanto al coste de la energía, para el primer trimestre de este año, que, con posterioridad, deberá ajustarse y refacturarse en función de la evolución del mercado.

Por este motivo, tanto las cantidades pagadas en exceso durante el primer trimestre del año 2014, como, en su caso, las cantidades pagadas en exceso durante el periodo transitorio (que empieza el 1 de abril), serán devueltas, siendo especificadas directamente en la oportuna factura.

Desde la Secretaría General de Consumo se recomienda a las personas consumidoras que antes de aceptar el contrato, cuando un comercial les visite en su domicilio o les llame por teléfono, pidan que les deje o les envíe la oferta por escrito con el fin de que puedan estudiar con detalle las condiciones de la oferta y ver si son las más favorables para sus necesidades.

Además, es importante conocer que si tras haber firmado el contrato constatan que no se ajusta a lo que esperaban disponen de un plazo de 7 días hábiles para desistir del mismo sin tener que justificar su decisión y sin coste por la cancelación del mismo. A partir del 13 de junio dicho plazo se incrementará a 14 días hábiles.

REDACCIÓN / PORCUNA DIGITAL

Los tiempos de Rajoy

Más o menos floridamente expuesto, el axioma periodístico era que Rajoy debía haber nombrado candidato a las europeas, que se celebran el próximo 25 de mayo, como muy tarde en febrero. Y como Rajoy no lo ha hecho, nos hemos dedicado a la novela. Las tramas urdidas han sido de lo más variadas y darían para varios programas de évole, de los de decir al final "¡que era una broma, cachotontos!". Pero, en realidad, las razones esgrimidas u ocultadas era algo más diferentes.

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La primera es porque lo decíamos los periodistas. Y es comprensible. A las necesidades de llenar periódicos, radios y televisiones se unen ahora mil tertulias, dos mil confidenciales y las famosas redes.

Perdido en el pasado ya remoto el contraste de la información, el apuntalarla con una fuente exacta y deslinde del rumor y la noticia, del hecho y la hipótesis, cada cual, cada medio, cada oráculo, cada uno que pasaba por allí, pergeñaba para la ocasión lo que se le ocurría sin ni siquiera con la presunción, ya no de verdad, sino tan solo de verosimilitud. O sea, que ni siquiera aquello de “si non e vero e ben trovato” . Bien “trovato”, tampoco.

La segunda razón de las prisas era porque el PSOE había nombrado a Valenciano. Y como el PSOE había designado al suyo, era presuntamente de obligado cumplimiento que el PP hiciera lo propio y así tener con quien “pegarse”. Porque pasarse, como se ha pasado, la candidata socialista pegándole puñetazos al aire resultaba muy cansado.

Pero ¿acaso necesitaba España una campaña electoral de tres meses para las europeas? ¿Lo demandaban a gritos los ciudadanos? ¿Era un clamor popular el saber quién era el cabeza de lista? Pues no. Para nada. Con quince días sobra y de mítines está el personal hasta la gorra. Saber quién era el elegido interesaba, ante todo, a los propios y cercanos, y a los rivales.

Pero, además, es que la última y la primera palabra sobre el asunto la tenía Rajoy. Y, a estas alturas, pretender forzarle los tiempos a don Mariano es de no haber rozado siquiera al personaje. En esta ocasión, como antes, como siempre, el líder del PP, si algo sabe hacer, controlar y practicar son los tiempos. Y en su ruta no se los mueven ni titulares, ni pasillos, ni tirios, ni troyanos. Ni siquiera barcenazos.

Una vez más ha seguido con toda precisión su propia hoja de ruta y ha escrito en su bitácora los pasos a dar y el momento en que darlos. Uno de los más importantes era la reunión en Dublín del grupo Popular Europeo, donde se elegía candidato y donde España fue decisiva en la nominación de Junker.

La negociación abrió y si se produce la victoria global, que está reñida entre los dos grandes, PPE y PS, empatados en las proyecciones, se abrirán muchas puertas. La primera es una Comisaría de gran relevancia en la UE, con rango de vicepresidencia; la segunda, el Eurogrupo; la tercera, los cargos señeros en el Parlamento Europeo; y la cuarta, en el Grupo Popular.

No era pues una ficha, sino cuatro. Para los primeros cargos, dos nombres han estado ahí siempre: Arias Cañete y Luis de Guindos. Pero su nombramiento será ya para el otoño. Y no hace falta que sean eurodiputados, aunque en el caso del primero se supone conveniente.

Tras Dublín, ya podía comenzar a darse el siguiente paso, pero había antes elementos esenciales de política nacional que al presidente y al sentido común les parecían más urgentes y que requerían atención prioritaria.

No hace falta que diga que se llama Cataluña y el pronunciamiento del Parlamento sobre el referéndum. Además, y hasta ahí, se produjo el fallecimiento de Suárez, que tuvo al país embebido en su figura una semana larga y, en lo personal, también el óbito repentino del propio hermano del presidente.

Luego, tras Arias Cañete, ha llegado la lista. Tan previsible como su encabezamiento. Sin ministros, ni excusa para la crisis de gobierno que también le venimos montando desde hace un año. González Pons va de segundo, que luego será de primero y como “hombre fuerte” del grupo, su persona de confianza desde hace ya muchos años en Europa y quien lleva en realidad el grupo, Luis de Grandes.

Y todo ello estaba bastante claro. Rajoy tenía no solo decidido el candidato, por obvio, por previsible, por hoja de servicios en Europa, por conocimiento del paño, por su cartel en Bruselas, por su exitosa defensa de los intereses de España, en especial los agrícolas, sino también el momento de presentarlo en sociedad.

Ha marcado los tiempos y se los ha marcado a los demás porque, en realidad, la campaña de las europeas, por mucho que se haya desgañitado Valenciano, empieza cuando Rajoy ha querido que empezara, que será después de Semana Santa.

Personalmente, he de decir que me parece muy bien que dure lo imprescindible, que para mítines ya no tiene uno cuerpo. Sobre quién va a ganarlas, puede en esta ocasión haber alguna duda y el PSOE tiene alguna esperanza, aunque ninguna encuesta –ni se va a gastar el dinero en hacerla-.

El PP siente que puede perderlas y que eso dé aliento a la idea de fin de ciclo. Pero lo más posible, por algunos datos y sondeos, es que las gane, aunque por poco. Y hasta diría que después de estas últimas semanas y días esa distancia se ha ampliado. Con la economía que parece haber dejado ya la UVI y hasta algún alivio del paro, donde abril se sumará a un buen febrero y a un mejor marzo, la primavera parece un pelín más primavera que otros años.

ANTONIO PÉREZ HENARES

21/4/2014

El Resucitado se ve obligado a suspender su estación de penitencia a causa de la lluvia

El tiempo ha sido, por segundo año consecutivo, uno de los tristes protagonistas del Domingo de Resurrección en Porcuna. Los cofrades de la localidad se han pasado las últimas horas pendientes del cielo y de los partes ofrecidos por la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) que, de forma casi inevitable, han acaparado la atención de los integrantes de la Hermandad del Cristo Resucitado.

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Finalmente, la lluvia terminó haciendo acto de presencia en la mañana de ayer, de modo que la Junta de Gobierno de la Hermandad Santísimo Cristo Resucitado no ha podido evitar el veredicto de las nubes y se ha visto obligada a suspender su estación de penitencia por las calles de la localidad.

Muchos cofrades se quedaron con las ganas de contemplar la imagen del Cristo Resucitado procesionando, que este año estrenaba la ebanistería tallada del paso, el estandarte y el escudo de la Hermandad bordado en el faldón delantero.

Por otro lado, la banda de cornetas y tambores Nuestra Señora de las Angustias iba a ser la encargada de poner los sones musicales a la procesión, también acompañada por mujeres vestidas con mantilla blanca, símbolo de alegría por la resurrección de Jesucristo.

REDACCIÓN / PORCUNA DIGITAL

19/4/2014

Noé y Superman

En la época de mayor apogeo de Los Beatles, allá por la década de los sesenta del siglo pasado, John Lennon realizó unas declaraciones que para algunos fueron motivo de escándalo. Llegó a decir que, en aquellos momentos, Los Beatles eran más famosos que Jesucristo. Y realmente era cierto, puesto que su música y sus canciones llegaban a todos los rincones del planeta; al tiempo que había sociedades y países en los que el cristianismo no había penetrado, por lo que no tenían noticias del fundador del mismo.

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Hago este comentario como reflexión de la importancia que comenzaba a adquirir la música a través de unos medios como eran la radio y la televisión. Hoy, con internet como gran protagonista de la comunicación digital, nos vemos inmersos en una cultura en la que se mezclan en una especie de puzle todos los productos audiovisuales, sin saber, en muchos casos, el origen, el sentido o la pertenencia de cada uno de ellos.

Y ya que he comenzado hablando del fenómeno religioso, no debemos olvidar que una parte de la difusión a gran escala de los relatos bíblicos se debe al cine, esa “fábrica de sueños” que ha alimentado la imaginación y la fantasía de varias generaciones, sacándolas de la dura realidad cotidiana para transportarlas a tiempos y lugares míticos en los que acontecían hechos verdaderamente asombrosos.

Bien es cierto que para llevar a cabo esos relatos visuales cargados de espectacularidad es necesario el desembolso de cientos de millones de euros o de dólares, por lo que en su mayoría esas superproducciones procedían y proceden de Hollywood, punto de partida de títulos que han quedado en la memoria de todos.

Siguiendo la estela de estas superproducciones con fondo bíblico, llega a las pantallas de los cines españoles la última que lleva por título Noé, personaje del Antiguo Testamento que fue el encargado de llevar a cabo la salvación de la humanidad, a partir de su familia, y de todas las especies animales, seleccionando una pareja de cada una de ellas, ante el inminente diluvio que descargaría la ira divina por los pecados de los hombres.

Este acontecimiento no es exclusivo de la Biblia, puesto que historiadores y antropólogos han recogido relatos similares en culturas diferentes a la judía, pero que ha sido a través de esta última cómo nos ha llegado a nosotros.

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De todos modos, antes de que conociéramos este último film, protagonizado por el oscarizado actor neozelandés Russell Crowe, ya se habían realizado bastantes películas de corte bíblico: múltiples versiones de la vida de Jesús; también la de Moisés, en el inolvidable título de Los diez mandamientos, que encarnaba Charlton Heston; otras como Quo Vadis o Ben-Hur, en esta última también con el anterior actor, etc.

Este tipo de superproducciones, basadas en la espectacularidad y en los reconocidos nombres de sus protagonistas, alcanzaba a un público muy amplio: niños, jóvenes y mayores, de todas las extracciones sociales y formación cultural.

Para un sector de ese público, era el medio idóneo para acceder a ciertas narraciones, más o menos históricas, en los que se mezclaban judíos, romanos, egipcios, gladiadores, emperadores, centuriones… llegando a formar parte del imaginario colectivo como un lejano y mítico relato en el que la fantasía, la realidad y la leyenda, todo mezclado, venían de la mano de algún personaje famoso, de tal modo que, por ejemplo, un día podía ser Moisés en tierras egipcias y en otro lo encontrábamos en el planeta de los simios, o se le veía haciendo propaganda como presidente de la Asociación Americana del Rifle.

Toda esta especie de “melting pot” de ideas y creencias da lugar a que todo se mezcle, todo se agite en esa coctelera que es la mente, por lo que no es de extrañar que haya gente que sostenga las ideas más inverosímiles con toda la naturalidad del mundo.

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Esta larga reflexión que he hecho está relacionada con una noticia que recientemente he leído en la prensa y que me ha llamado bastante la atención: en ella se nos dice que una cuarta parte de los británicos cree que Superman es un personaje que aparece en la Biblia.

Pero lo más curioso de ello no es que esta idea la tenga la gente más joven que está muy conectada con las redes sociales y a la que le llega un bombardeo imparable de noticias e informaciones de todo tipo. No, precisamente la sostienen adultos de los que podría suponerse que saben diferenciar entre los superhéroes, nacidos en los cómics y más tarde promocionados por Hollywood, y los personajes que se encuentran y se citan en el Antiguo Testamento.

Textualmente la noticia que leí dice así: “Según informa el diario británico Mirror un 25% de los británicos adultos piensa que Superman era un personaje bíblico. No queda ahí la cosa: un tercio de los encuestados considera que el guión de Harry Potter tiene una base religiosa y la misma cantidad no sabe dónde aparecen Adán y Eva, al tiempo que nueve de cada diez individuos entrevistados no ha oído hablar del Rey Salomón”.

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Llama la atención que un público que mayoritariamente se formó leyendo los cómics no sepa que Superman era un superhéroe nacido en las modestas páginas de papel, antes de saltar a la gran pantalla. Es decir, su aparición se produce en aquellos cuentos ilustrados que tanto entusiasmaban a una generación que estaba lejos de soñar que un día llegarían los móviles y las tabletas digitales que se extenderían por todo el orbe, marcando una brecha digital entre las últimas generaciones.

De todos modos, y ante la confusión reinante en algunas mentes, quisiera indicar que recientemente se ha vendido un ejemplar del número uno de Action Comics, perteneciente a la legendaria editorial estadounidense DC Comics.

Aparecido originalmente en 1938, la venta de este ejemplar supera ampliamente la nada desdeñable cifra de dos millones de dólares, puesto que en él se ve la figura de Superman en la portada levantando con toda su energía un automóvil.

Sería muy extenso explicar el largo recorrido que ha tenido la vida de Superman en el papel, en el celuloide y en el soporte digital. Los que sí es seguro que el comprador de ese ejemplar sabía quién era este héroe, dónde apareció, el valor del ejemplar en el mercado estadounidense y que para nada tenía que ver con Noé, Moisés, Sansón o con cualquiera de los otros personajes bíblicos cuyas vidas, más o menos ciertas, han sido llevadas a la gran pantalla.

AURELIANO SÁINZ

18/4/2014

Una agenda muy apretada

Tras recuperarse de su enésima operación de cadera (como dirían nuestras madres, "los excesos no pasan en balde"), el rey Juan Carlos ha tenido una agenda de actos muy apretada que lo ha llevado esta semana hasta Emiratos Árabes Unidos junto a una legión de ministros y empresarios españoles con los ojos inyectados en sangre y signos evidentes de hipersalivación ante tantas oportunidades de negocio en el harén del príncipe Al Nahyan.

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Juan Carlos cae bien en aquellas lejanas tierras, quizás porque eso de las monarquías suena ya un tanto a reliquias de tiempos más oscuros y son cada vez menos las que se mantienen sólidas en el mundo civilizado a pesar de cacerías, tramas de corrupción y líos de faldas. Los reyes y príncipes del Golfo Pérsico lo tienen más fácil; el petróleo emerge hasta de los lavabos y quien no es admirablemente rico ya tiene suficiente con sobrevivir en un desierto acristalado.

Resulta divertido imaginar una conversación de nuestro monarca con alguno de sus homólogos árabes, quejándose de la prensa, del yerno o de los tocapelotas que le dedican portadas en periódicos satíricos. Con lo fácil que sería colgar a más de uno y problema resuelto, como hacen en esos vergeles de lujo y ostentación cuando la cosa se tuerce. Los sueltan en el jardín y a practicar el tiro.

Igual hasta Juan Carlos tiene la oportunidad de hacer un blanco desde el porche, ya que le han sido vedadas las cacerías africanas o sus incursiones por los bosques rusos, ahora que su amigo Putin no tiene buena prensa. Incluso puede que maneje un arma made in Spain, de las muchas que exporta nuestro país a las democracias emergentes del Golfo.

Pero no seamos maledicientes. Bastante tiene la comitiva española con conseguir un buen puñado de contratos millonarios para acrecentar los ceros en sus respectivas cuentas suizas. Allí están los mandamases de ACS, Airbus, Ferrovial, Cepsa, FCC o Indra, convenientemente escoltados por los ministros de Industria, Exteriores, Defensa y Fomento. Al parecer, Rajoy estaba demasiado ocupado en continuar desaparecido, hasta que la cosa mejore.

Al fin y al cabo, está en juego el metro de Abu Dabi (qué sinsentido, como si los habitantes fuesen a desplazarse bajo tierra teniendo la limusina en la puerta de la mansión), un hospital (se rumorea que podría estar detrás el exconsejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid. Risas), una refinería (¿más?), dos museos (para los jeques la Cultura es imprescindible) y la venta de unos cuantos barcos y aviones.

Todo sea por la marca España, aunque ninguno de nosotros vayamos a ver un céntimo o apenas un atisbo de tanta riqueza acumulada en manos de una oligarquía empresarial que se expande en el exterior y mengua al mismo ritmo en nuestro país.

El rey pronunció el lunes su discurso de rigor, y en inglés, para después marcharse a descansar al hotel que le tenía preparado su colega Al Nahyan. Se trata de un alojamiento de siete estrellas (sí, al parecer existen) con un coste de 15.000 euros la noche por suite y mayordomo incluido. Dicen que hasta el omeprazol tiene cobertura de oro puro, y las pastillas de la tensión las dispendia una señorita muy atractiva con sorbitos de champagne del bueno. Así sí se puede reinar.

Como dicen en aquellos lares, lo que pasa en Emiratos se queda en los Emiratos, por lo que Juan Carlos no debe temer otro portazo conyugal a su regreso que le devuelva el púrpura a su ojo real. Suficiente ha tenido con perderse la conmemoración de la República, su fiesta no oficial preferida, con la que sueña cada vez que viaja a los reinos de sus amigos árabes. Lo bien que iba a estar él las mil y una noche que le quedan...

JESÚS C. ÁLVAREZ

17/4/2014

Manuel Santiago Estévez: el médico de familia

Al Llanete San Juan no se lo concibe, al menos literariamente, si no es, en esa su cosa de ser recoleta acogida, que como todo lo recoleto, y todo lo recogido, pinta su estampa en otoño o en invierno, quizá con su algo de primavera temprana, esa primavera temprana sin calendario que se contempla cuando, a febrerillo el loco, le da por lanzar soles iniciales, y abre arcas y baúles para sacar del alcanfor las ropas de entretiempo, esas que están siempre en un sí o en un no, esas que se asoman a la mañana del despertar por ver o por sentir si pueden ser vestidas, o por el contrario, deberán ser colgadas de las alcayatas de la pared, aquellas perchas de los pobres, junto a una estampa andaluza enmarcada en un marco de madera carcomido por lunarillos de moscas.

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Fotografía: Borja Ruíz de Adana

Al Llanete San Juan, aquel del que habla esta historia, hay que adornarlo de otoño o adornarlo de invierno, para que despierte ofreciéndosenos con la extraña calidez del frío, como si al Llanete San Juan, se le pudiera poner en su centro, con sus tres naranjos, verdes y amargos, y sus pinos de cemento, un brasero de picón, para dar un poco de calor al llanete, o un sitio de arrimo y amarre y acogida a los visitantes de ese llanete tan visitado tanto, en los años aquellos por donde trascurría la vida de don Manuel Santiago Estévez, el médico de familia, aquel médico de familia genial, arisco, aristotélico, incongruente, espléndido, locuaz o mudo, culto, suficiente y autosuficiente, greñudo y lírico, hosco o cordial, según se le viniera en gana, o displicente y frío como el mármol, cuando se levantaba con el otro pie de su cojera, el que no tendía a lo humorístico sino a lo regañador, según hubiera sido el despertar del médico de cabecera, casi revertido en médico rural por una metamorfosis kafkiana.

A esta estampa de don Manuel Santiago, por lo tanto, le viene bien ser escrita como estampa de otoño, o estampa de invierno. Si es otoño, pongámosla con rebequita y medias finas; si es en invierno, con su bata de boatiné, medias recias y alpargatas de felpa; quizá con un velo blanco de escarcha nevando sobre las hojas verdes de los tres naranjos, cada uno en la esquina del triángulo irregular aquel de San Juan, sin fuente socialista y sin bailenera escultura popular, sino como un espacio abierto para el jugar de los niños, o para pegar saltos y quitarse el frío; o también con su cosa de rocío llorando como una lágrima de virgen dolorosa, resbaladiza hasta el arroyillo de las losas de piedra.

Por el número trece del Llanete San Juan, abierto a plena calle, palaciego y señorial, burgués y nacional, se abría a la calle y a las gentes de todas las calles de Porcuna, el cándido hospitalillo sin residencias de cama de don Manuel Santiago: el médico de familia. Un espacio de invierno con témpanos, o un espacio de otoño con uñas de gato resbalando colgantes y ya de sequía, por la media luna de las tejas árabes hasta formar un adorno de zarcillos dorados acabados, mustios, en un rebrillar de perlas blancas, ya semillas, u hojas con legañas, coaguladas a un todo de mejillas como eternos besos de amor.

El número trece del Llanete San Juan, donde don Manuel Santiago tenía su hogar y su consulta médica, antes de que a Porcuna llegara la modernidad democrática y europea de los Consultorios Médicos, de los Centros de Salud, bien por aquel obsoleto del depósito del agua, que fuera escuela, o el de San Francisco, que también fuera escuela, era, en sí, y sobre todo, un palacio de invierno adonde íbamos los porcuneros con nuestras enfermedades o con nuestros cartoncitos de las medicinas para el rellene de las recetas médicas, donde en cualquier momento uno esperaba escuchar una proclama popular, nacional, y muy carmenpolodefranco, asomando al balcón principal, derramando líricas perlas de palabrerías exhortadoras o utópicas, hasta crear un todo de unidad, un adorno de banderas nacionales, bicolor con aguiluchos hasta dibujar una secuencia, más del tiempo de mister Marshall , que de elocuente grandiosidad oratoria, franquista, floral y elegantísima, como versos cursis escritos por un poeta excesivamente sentimental y patrio, muy dieciocho de julio, muy doce de octubre, y muy imperial.

Al palacio de invierno de don Manuel Santiago Estévez, acudíamos mañaneramente las gentes de Porcuna para el diario transcurrir de las cartillas médicas, en sus consultas o en sus recetas, y uno piensa- pasado el tiempo, idas las nieblas, aclarados los espejismos- que, a veces, también, en sus distracciones, en un pasar el rato hasta la hora del almuerzo con cocido y en mesa de hule. Una especie de tertulia popular, barrial y obrera, que era como una ocupación, casi dada en revolución con otras banderas, por donde desfilaban las abuelas con moño y con velo y con delantal, con medias y con bata, con negros y con más negros; las mujeronas con carnes y varices , con soplos o con mareos, con anginas de pecho, o pechos sin canalillos; los viejos con las boinas y las barbas blancas, pantalones remendados y unas cintas de luto adornando los nortes de los codos, y con muchas toses y muchos pañuelos en las bocas para los esputos, y niños con moquillos, resfriados de garganta, sarampión o pinchos, o un todo revuelto para pasarlo todo de una vez y quedarse tranquilos; o algún bebé escocido sin los polvos de azol, sin los polvos de talco o sin la harina del bacalaillo.

Al palacio de invierno de la consulta médica de don Manuel Santiago, se le amanecía un corro de gentes con las cartillas médicas en las manos, muchos ruidos en las bocas, muchas toses, muchos resfríos o muchos cartoncitos con palabras raras o muchas preguntas de barriadas o de visitas o de coincidencias vecinales, en el cómo estás tú o el cómo estoy yo, y la de tiempo sin vernos, y la del tiempo sin vuelta…

Mientras las gentes aguardaban la hora del abrir la cancela de hierro de la casa, para hacer de la casa familiar de “Los Corazones”, la casa ocupada, la muy habitada, la coral, don Manuel entreabría los visillos blancos de su consulta, más que por ver las gentes que había esperando la entrada libre a palacio, cuanto por ver cómo se había amanecido el día, y así, poder y saber dibujar, a ciencia cierta, y sobre su rostro con bigotito entrecano, galandoso y nacional, la actitud de una naranja de los naranjos del llanete, el diente largo de una ironía, o una leve sonrisa por favor, de esas que apenas se dibujaban en la boca.

En el zaguán del palacete de invierno de don Manuel Santiago, las iletradas viejas del moño y el velo, que siempre estaban en primera fila para ser las primeras en ser atendidas, a sabiendas del baraje de cartas que don Manuel Santiago hacía luego con las cartillas, que trucaba los turnos cuanto turnaba las esperas, miraban hacia arriba el azulejo con la bandera de España, que decía un no se qué de “Aquí vive un español”, enfrentado al sentimiento de las otras banderas, las derrotadas, las que ya sólo eran conciencia, en tanto apremiaban a los niños de párvulos a que les deletrearan el sonsonete nacional del mensaje grabado como una bordadura, la proclama vencedora o noble, diciendo finalmente un “ah” salido de una incomprensión o una indiferencia sin dientes, y muchas arrugas canas, y mucho frío en las manos.

Cuando, por el corto pasillo se escuchaba y se divisaba el renqueante arrastrar su pierna coja de don Manuel, las gentes se recogían en sí mismas, mudaban el eco guerrero de los murmullos en silencios con agradecidas aperturas, sintiendo el chirriar sonoro y apartamental de la blanca puerta de hierro, encristalada con transparentes esmerilados, como quien escucha ir muy aprisa el ritmo de su corazón.

Don Manuel Santiago pronunciaba un buenos días fino, elegante, señorial, madrileño, castellano viejo de la vieja Castilla, lepantero y providencial, con muchos flandes y muchos despeñaperros, y otras leyes que despeñar, y con muchas eses y muchas universidades, y todos nos quedábamos sorprendidos de lo bien que sonaban en sus labios las eses finales de los buenos días, a nosotros, que tanto se nos atragantaban todas las consonantes finales, fueran en eses, en erres, en enes o en eles, que era lo nuestro un hablar pronunciador final de vocales, y muy a menudo hasta vocales nos sobraban, o cuando no medias palabras, o cuando no, convertíamos la palabra más larga y más impronunciable en un ea categórico o un miaque sin molinillos y sin manierismos, casto y seglar como una hoja de penca o un rebrote de azucenas.

A la puerta de su castillo, señor feudal de sus posesiones, guardián de armadura de acero, más dorado que plata, a las que el pueblo entraba como conquistando una posición desguarnecida, sin más banderas que las cartillas médicas y muchos pañuelos en las narices, don Manuel Santiago estiraba sus manos e iba recogiendo de los visitadores las cartillas, como amontonando cartas de una baraja española, y cuando no era él el que las recogía, tratábase de don Juan López “Esparraguito” el que amontonaba el volumen de cartillas y hasta las voluntades de enfermería. En tanto, las gentes íbamos entrando al palacete de invierno, huyendo del frío para entrar en el calor de sus salas de espera, ya fuera en el calor del amontonamiento, pillando sitios, sillas, rincones, escaleras, escaleras, pasillos y descansillos, o por los suelos baldosas, aposentando traseros o acomodando espaldas y cabezas, mientras las estancias jugaban al despiste señorial de los corrales, haciendo comparaciones entre palacete y casa, entre casa y chavola, entre chavola y cielo abierto, entre rellano y habitación, entre cámara, dormitorio y otras presunciones.

Por la casa de don Manuel Santiago, las decoraciones antiguas y señoriales de realengo, donde gobernaba como guardia o como duende, el perchero con su espejo, donde uno presentía sombreros de copa, pamelas de boda, abrigos, gabardinas, mucho bastón con empuñaduras, y hasta un aguamanil con agua de Marmolejo y jaboncillos de olor, y una docena de rosas cortadas de los rosales del patio, y muchas visitas de copete haciendo la hora del té y los juegos de tresillo.

Por la consulta donde don Manuel Santiago atendía a la clientela popular, dos puertas entrecerradas para sentir de escuchar los pronunciados nombres de las cartillas, que, unas veces se escuchaban y otras veces no, dependiendo todo de los murmullos de las gentes, que empezaban quedas, cortadas y atemorizadas y acababan con la confianza ya tomada de hacer de lo ajeno lo propio, en auténtico jolgorio de voces de vecindario, de corrala de vecinos, o pregones de mercancías con borrico y con serón. En la estancia principal de la espera, su arca de madera olorosa a barniz y a antigüedad, con su tapillete blanco de encaje de calidad, candelabros de bronce y velas sin encender:

-“¡Carmen Garrido de Dios!” – llamaba don Manuel; y la Carmen Garrido de Dios abandonaba su asiento y entraba en la consulta con los cartones de las medicinas, recortados con primor, en las arrugas de sus manos.

Sobre una pared, la cosa guerrera de los castillos medievales. Agarradas con alcayatas, sobre barnizadas maderas y fondos de terciopelo negro, los souvenirs matanceros de la guerra civil, exhibidos en aquella estancia como símbolos de victoria, o recuerdos murmuradores: pistolas sin balas y balas sin pólvora, sables sin cabeza y granadas sin manos, cuchillos sin sajo y fusiles sin miras; armas desactivadas que sólo daban ya en adorno y en cosa de exposición, y sin más guerra que una remembranza de libro de texto y un pundonor de fotografía de aquella guerra de nuestros antepasados.

-“¡Antonio Quero Casado!”- Y el Antonio Quero Casado, retiraba el pie izquierdo de la pared, con el pie derecho apagaba el cigarrillo recién escupido de los labios, y entre la niebla del humo, entraba a la consulta de don Manuel para que don Manuel le solucionara el problema de la tos, o los retortijones del cólico, o los efluvios del anís.

Haciéndole escolta a la puerta de madera, los retratos patriotas, los movimientos nacionales, el arriba España de las fotos de Franco en su juventud mora y la de José Antonio en su hierática y señorial apostura de poeta con flor natural ganada en un certamen de poesía lírica de un pueblo de montaña.

Por el aire de las estancias una niebla de humos de cigarrillos, un alguien que entornaba la puerta de la cancela para que salieran los humos que nunca salían y un arrejunte de colillas en sus tonos blancos de cigarrillos negros, y una sonora regañina de don Manuel Santiago con todas las eses del mundo sonando en su boca, atravesando las paredes como fantasma blanco que abandona una estancia de castillo para asustar a las gentes:

-“¡Hagan ustedes el favor de callarse de una vez!”, mientras las orejas sordas de los resfriados se pegaban a las puertas para no perderse sus nombres murmurados, sabiendo que, de no ser escuchados, tendrían el padecer de cerrar la consulta y salir los últimos a la calle, y encontrarse cerrados los puestos de la Plaza de abastos.

Y el silencio duraba lo que duraba en la boca una calada de cigarrillo. Las nieblas por las estancias perfilando un paisaje de montañas con espesuras donde hacían de alturas los altos bordes de los cuadros colgados por las paredes, y por los suelos, un desperdicio de colillas apagadas, desvergonzadas, exhibidoras, pulmonares, negras de nicotina e insurrectas de limpieza. Por las paredes y por lo aires cálidos de las estancias, muchas toses y muchas ronqueras, muchos mocos y muchos pinchos, y muchos dolores de reuma, y mucho dolor de barriga, y barrigas de siete meses y niños de siete días, y un si o un no de peregrinos para los milagros, y un sin saber de sentidos deshojando una armonía de enfermedades confrontadas y conformistas, en un sea lo que Dios quiera, y amén.

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Fotografía: Borja Ruíz de Adana

Al lado de la escalera que daba al corredor de los dormitorios, las juventudes sentadas esperando el nombre, y en la pared la pecera del agua con los peces de colores, los peces del agua fría, los anaranjados peces en su ir y venir nadando las aguas como si de aguas marinas se trataran, donde nos poníamos de puntillas los niños, con los ojos impresionados, viendo ese ir y venir de los peces por los mares, con sus verdes flores de plástico y sus corales artificiales, con una ánfora sin tesoros, con algún barquito hundido, un marinero blanco y una sirena cantando la canción de los enamoramientos; el tubito con las burbujas del oxígeno dibujando círculos de pompas de jabón y la luz de la lámpara iluminándolo todo hasta presentir que más que pecera, era una película en vivo de dibujos animados.

A eso de la hora en que se presentían los desayunos, por las escaleras, ocupadas como asientos de tribunas en un campo de futbol, comenzaba el desfile bajante de los habitantes de la casa: la señora Rosario con su acento madrileño, su permanente en ondas, su armoniosa elegancia de señora de la casa pronunciando un buenos días educado y de diccionario mientras despejaba con un soplo el humo de los fumadores, y los seis hijos del matrimonio desfilando elegantes, principescos, dueños y señores, amables y educados: la Mercedes y el Julio, el Antonio, el Manuel y el Joaquín, y cerrando el desfile descendiente de pasarela con escalones, la Julia, la que levantaba los murmullos y los comentarios, la que hablaba en silencio y miraba apesadumbrada, la elegante viuda juvenil, la viuda de altar, espacios sonoros y especias de incienso:

-“La viuda” –murmuraban los contertulios de las enfermedades benignas. Y había como una especie de lástima y de comprensión hacia esa melena lánguida que descendía por su cabeza como velo que intentaba ocultar una lágrima o un sentir muy de antaño, como una rosa negra sacada de un libro de amores desventurados con lutos tan tempranos.

El ronroneo de los buenos días bajaba las escaleras, se adentraba por los oídos, empapelaba las paredes, ahuyentaba las pobrerías, vestía de tules y de armonía las ropas negras y los calcetines rotos, hacía olvidar las toses y los suspiros, y había por el ambiente un quitarse el sombrero repentinamente en boina. Los buenos días de la familia de la casa se asombraba en los pececillos anaranjados y abría las bocas para adecentar el mundo de las consonantes bien pronunciadas.

Y cuando la señora Rosario abría la puerta corredera que daba al comedor, parecía que la señora de la casa invitaba a los impresionados enfermos de las estancias a tomar un café con leche con galletas napolitanas, brillando sobre una mesa, un florido frutero de cristal lleno de manzanas rojas que ofrecían a don Manuel los emigrantes franceses de la cuadrilla de Manolo el Carrero cuando volvían de Francia, olorosas y brillantes como frutillas de cera.

Mientras tanto, en la consulta, don Manuel auscultaba a los enfermos, abría las bocas y las pecheras, sacaba lenguas y palpaba vientres, removía miembros, tentaba calambres y tocaba frentes y miraba campanillas como si buscara flautas sonoras sonando en espasmos y quejidos; tomaba manos y pulsos, buscaba los corazones, los hígados y los riñones y las tripitas de leche, abría ojos y cerraba entrecejos, advertía voces y roncaba gargantas con verdes; palpaba pecas, pinchos y eccemas de sarampión, miraba dientes como a caballos de copas, mientras lanzaba su castellano perfecto, ilustrado y elegante, con la misma euforia o el mismo sarcasmo o la misma crítica con que escribía sus artículos, sus proclamas, sus latigazos o sus floripondios, sus paranoias y sus peroratas porcuneras en el Diario JAÉN, nacional y falangista, mientras César Cruz le fotografiaba las noticias con el blanco y negro de su retina sonora, lírica y elegante.

Y mientras don Manuel Santiago revisaba los cuerpos para la salud y el alma para las sepulturas, bendiciendo a los enfermos como un cura de cortijada, Don Juan López iba anotando en el cuaderno de las recetas los medicamentos que don Manuel pronunciaba, que si los cuatro botes de penicilina, que si las tres cucharas de jarabe, que si los dos untes de pomada, que si las tres refriegas con alcohol alcanforado o alcohol de romero, que si la aspirina de la tarde, que si el azol de los culetes o los vapores con hojas de eucalipto, unas pastillas Juanola para el ronquido del alma, y quizá un porrón con agua de Cantarero o un caminar mucho por los llanos de Pezcolar, a la sombra de un olivo y un riachuelo con su agua salada.

Y cuando las enfermedades abandonaban el palacio de invierno de don Manuel Santiago, del número trece del Llanete de San Juan, y el último sordo o el más despistado cerraba del palacio su cancela de hierro, don Manuel Santiago recogía en la serenidad de su paso lento, su pierna cojitranca, señorial, y elegante, empuñaba bastón, cansancio, tranquilidad o zozobra, y en el sanbenito de sus dolores y como en cosa de caridad, se pateaba media Porcuna para las visitas a domicilio, donde aguardaban los enfermos más difíciles de tratar, los de cama y sopa y un cura en la perspectiva, los del cólico nefrítico con el suero inyectado en el brazo, aquel que pendía de una mizo atado a una punta de la viga de un techo, o los de las fiebres altas y las convalecencias largas, que apenas daban de sí una lagrimita de compasión y un ponerse malos muy malos para que don Manuel no les dijera:

-“Peor estoy yo, y me he recorrido medio pueblo…”

Estadista del mal terrible que rima con letra. Pulsor de la anacoreta sensación de las bacterias. Amante de las secuencias de los virus infantiles. Roncero de los abriles, reuma de los otoños. En los partos seis retoños y un recreo de escaleras. A las horas de los buenas un ceño con bigotillo. Manuel de los baratillos de granadas y escopetas. Nacional de las estetas florituras de las rimas. Por las mañanas cortinas y cartillas del seguro. Viejas con los cuatro duros de la consulta privada. Don Manuel en la algarada de las toses ocupantes. Manuel de las caminantes callejuelas de las penas. Cojitranco con cadenas, yugos, flechas y bigotes. Amigo de los azotes, enemigo del buen tiempo. Salvador de los enebros y la magia de los magos. Peregrino en el Santiago de San Juan hasta Alharilla. Reportero de las trillas y las obispas visitas. Por las tardes margaritas, por las noches lunas llenas. Doctor de las azucenas dibujadas en las caras. Si de sangres, coloradas, si de fiebre blancos rostros. Sacristán de los enojos y los buenos días con eses. Del ayer de los ayeses lector del verso aguerrido. Culta escena del membrillo y el catecismo con hablas. Manuel Santiago del alba del amanecer mariana. Penicilina con alma, jarabe con tos ferina, a la borla de mi rima le están naciendo cosquillas, como una fiebre amarilla de unas justas literarias. En las aldeas idearias una bandera española, un mar sin cuerpo y sin ola, y un azul divisionario. Agradece el obituario, tras muchos años atendiendo, a una legión de sedientos, amadores de la salud, tu nombre en la contraluz de los valiosos galenos. La medicina en tu seno se hizo calma y serenata, desde tu casa ocupada, con humos y risotadas, hasta el digno trabajar de tu mano sabedora. Manuel Santiago, en la hora de escribir estas palabras, te entrego el don de las almas, sin más luz de sentenciar, que en la leña de tu hogar dejé yo mi cuerpo niño junto a tres peces de armiño y unas paperas curadas.

ALFREDO GONZÁLEZ CALLADO

La Hermandad de Jesús Preso procesiona en el Miércoles Santo bajo el sonido de los tambores

Silencio y penitencia. Son las dos palabras que definen la noche del Miércoles Santo. Un silencio solamente roto por el sonido de los tambores y la penitencia de los nazarenos que acompañan a la imagen de la Hermandad de Jesús Preso. Alrededor de las 23:30 de la noche, la talla de los años cuarenta y obra del imaginero malagueño Francisco Palma, abandonó su templo para pasear por las calles de la localidad.

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Alrededor de un centenar de penitentes acompañaron a Jesús Preso en la noche del Miércoles Santo. Una noche en la que brilló la buena temperatura y el silencio inundó las calles de la localidad al pasar la imagen. Esta Semana Santa, la Hermandad cambió la manera de transportarlo y, por primera vez Jesús Preso fue portado por cargadores, dejando atrás las antiguas andas. El capataz fue Manuel Luis Vallejos, mientras que el contraguía fue Antonio Pérez.

Los nazarenos vestidos con túnica marfil y cubrerrostros y cíngulo morado acompañaron a Jesús Preso portando velas rojas, mientras quien abría la procesión era el estandarte de la Hermandad. Esta Cofradía tiene su origen en el siglo XVIII, aunque se perdió durante la Guerra Civil. Más tarde fue fundada de nuevo por dos presos de guerra, desapareciendo posteriormente y reorganizada en 1972.

MANUEL J. MOLINA SALAS / REDACCIÓN

16/4/2014

El agotamiento del Estado de las Autonomías

Nunca hasta ahora el Estado de las Autonomías, forma jurídica que configura la organización territorial española y que fue establecida por la Constitución de 1978, había dado muestras de tal grado de agotamiento y de causar el rechazo, por superarlo, de parte de algunas regiones para las que se constituyó como marco de convivencia y encaje legal de la pluralidad de sentimientos nacionalistas existentes en España.

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Gracias al consenso alcanzado con la Carta Magna, se procedió a descentralizar el Estado con la creación de 17 Comunidades Autónomas, además de Ceuta y Melilla, cuatro de ellas a través de la vía rápida del artículo 151, que facilitaba el acceso inmediato y la transferencia de competencias, reservado a las consideradas “históricas”, esto es, a Cataluña, País Vasco y Galicia, a las que se unió Andalucía. El resto lo haría de forma paulatina, según lo estipulado en el artículo 143.

Se respondía así a las aspiraciones históricas de autogobierno de vascos y catalanes y se definía un Estado no centralizado, cuyo precedente figuraba ya en la Constitución de 1931 de la Segunda República, pero garantizando, por medio del mismo artículo 2 que reconoce las autonomías, “la indisoluble unidad de la Nación española” y la “solidaridad” entre todas las comunidades y regiones españolas.

Tras 33 años de desarrollo autonómico, pacífico y democrático, Cataluña pretende forzar en la actualidad la convocatoria de una consulta en su territorio para cuantificar el apoyo popular de los catalanes a la propuesta de convertirse en un Estado propio e, incluso, si ese sentimiento fuese mayoritario, a independizarse de España. Es lo que ellos denominan el “derecho a decidir”, por el que reclaman que el Gobierno de la Nación les faculte para convocar un referéndum soberanista.

El Congreso de los Diputados ha rechazado esta posibilidad por abrumadora mayoría durante la sesión del pasado día 8 en la que se debatió la propuesta. Una propuesta y un resultado similares a los conseguidos en febrero de 2005, cuando se sometió a discusión en sede parlamentaria el conocido como plan Ibarretxe, un proyecto que el País Vasco propugnaba para decidir nuevas formas de encaje de Euskadi en el conjunto del Estado, basado en el modelo del Estado Libre Asociado que vincula Puerto Rico a Estados Unidos.

Pero hay una particularidad entre ambas pretensiones: la iniciativa catalana no da por acabado su recorrido con el “portazo” del Congreso, sino que insiste en continuar explorando mecanismos que le posibiliten ejercer ese “derecho a decidir” al que se ha comprometido el presidente de la Generalitat, Artur Mas con fecha ya cerrada.

El referéndum está previsto para el próximo 9 de noviembre. A tal efecto, el Honorable President ha anunciado que piensa elaborar una ley de consultas catalana que dé cobertura legal a una votación de cuyo resultado derivaría, en caso de ser mayoritariamente favorable, el inicio de un proceso segregacionista en pos de la independencia de la región.

Dice Félix Ovejero que “nación es un enigma y el nacionalismo un enigma levantado sobre otro enigma”, para asegurar que, según numerosos estudios, “el nacionalismo no es el resultado de una nación, sino que, al revés, el nacionalismo se inventa la nación en nombre de la cual habla”.

Algo semejante es lo que sucede en el enfrentamiento político actual entre Cataluña y España, en el que ambos nacionalismos apelan a la “nación” como imperativo categórico que les impulsa a la actuación y adecuación de la realidad a los deseos de quienes evocan tal concepto.

Es decir, para los dirigentes catalanes es prioritario que España reconozca que Cataluña es una realidad nacional y que, por ende, puede aspirar a construir su propio estado y a enarbolar el derecho a la independencia, a pesar de que la legalidad en la que se halla inserta no contemple tales extremos.

Los antecedentes históricos en los que se funda esta reivindicación son tan ambiguos como las diversas interpretaciones que dan lugar. Claro que la historia es un proceso abierto que no se atiene a una evolución lineal ni predeterminada, sino que es fruto de contingencias de cada momento o período concreto.

Así ha sido siempre la secuencia cronológica de hechos y culturas que han dado forma a lo que conocemos como España, desde los primeros grupos indoeuropeos, fenicios, griegos o tartésicos hasta las invasiones árabes, romanas, visigodas o cristianas que, ya en la Edad Media, sirvieron para constituir la España que ha llegado a nuestros días, convertida en un estado unificado bajo la monarquía de los Reyes Católicos, no sin tensiones entre las partes que la constituyen.

Es en ese devenir histórico cuando surge Cataluña a partir de los condados hispánicos del Imperio carolingio que se integran en el Reino de Aragón, creado en 1137 por la unión dinástica de la hija del rey de Aragón y el conde de Barcelona.

En esa época, España aun no existía, sino que estaba formada por una pluralidad de reinos (Reino de León, Reino de Portugal, reino de Castilla, reino de Navarra y Corona de Aragón) enfrentados entre sí y defensivos contra los musulmanes de Al-Ándalus, a los que combatieron durante ocho siglos sin ningún proyecto en común, sino respondiendo, como describe Juan Pablo Fusi en su Historia mínima de España, a “necesidades estratégicas, aspiraciones territoriales, razones de seguridad y defensa, intereses dinásticos y proyectos estatales e institucionales separados de los distintos reinos peninsulares”.

Esta es la realidad que nos conduce a un presente en el que se reproducen las disputas territoriales y las reclamaciones identitarias que debían haber quedado resueltas con la constitución del Estado de las Autonomías.

Después del largo período de la dictadura franquista, que pisoteó derechos individuales y colectivos, había que superar el asfixiante centralismo obligatorio que impuso con una democracia que calmara, en cualquier caso, las tendencias segregacionistas.

La Constitución de 1978, en su Título VIII, desarrolla el actual modelo autonómico que evita el federalismo. Y lo evita para no reconocer las distintas naciones que pueden confluir en España. Una vez más, nación es la “china” que nos molesta en el zapato estatal y nos impide andar cómodamente juntos.

Cataluña, como antes el País Vasco, y pendientes de ellas Canarias, Galicia y el resto de Comunidades Autónomas, pretendía modificar la Constitución para que recogiera su identidad nacional. Cataluña como “nación”, palabra tabú que fue agriamente descartada por el Tribunal Constitucional, a instancias del Partido Popular, por considerar que la única nación existente es España, la que configura el conjunto del Estado.

Lo demás son nacionalidades, que el Constitucional no equipara a “nación”. Desde entonces, han ido tensándose las relaciones entre aquella Comunidad y el Estado hasta desembocar en ese plebiscito soberanista que están dispuestos convocar, con o sin autorización de las Cortes españolas.

Si ese hecho se produce, significaría el agotamiento del Estado de las Autonomías, un modelo poco definido en la propia Constitución y que ha ido completándose a través de modificaciones estatutarias y negociaciones periódicas para ampliar el número de competencias y capacidad de financiación.

Y quedarse sin modelo nos abocaría a optar por una de estas dos alternativas: retornar al viejo Estado unitario centralista o convertirnos en un Estado Federal sin ningún complejo. El primer modelo es Francia, y el segundo Estados Unidos, por citar algunos ejemplos.

Y la verdad es que para la segunda opción nos resta muy poco, tan poco como modificar la Constitución y desarrollar realmente el Senado como cámara de representación territorial o federal. Pero lo más dificultoso de todo ello sería reconocer la existencia de “naciones” iguales que se integran en un Estado federal, simétrico o asimétrico, articulado en unidades territoriales que poseen una autonomía considerable. Algo parecido a lo que ya tenemos.

Pero lo impide la Constitución, aunque ninguna constitución es inmodificable ni intocable. De hecho, la Carta Magna sufrió modificaciones para introducir la llamada “regla de oro” que ponía límites al déficit público.

La propia Constitución establece las normas, bastante rígidas, para ello. Se requiere consenso y estar abiertos al diálogo franco y sincero, sin apriorismos ni actitudes intransigentes. Es lo que reclaman a través de los medios de comunicación Artur Mas y Mariano Rajoy, pero ninguno se sienta a dialogar con el otro, resguardándose tras sus particulares parapetos maximalistas.

Vivir juntos es ceder en máximos para alcanzar puntos de encuentros que posibiliten el desarrollo de cada cual. Un desarrollo que siempre será más fácil en conjunto que por separado. A partir de esta premisa, no debería haber obstáculos para conseguir un nuevo modelo de convivencia entre los pueblos y naciones de España que nos siga ofreciendo paz, prosperidad y libertad a todos. Lo de menos sería el nombre que le demos a esa utopía visionaria, sea Estado Autonómico, Federal o Español.

DANIEL GUERRERO

15/4/2014

Un respetuoso silencio acompaña al Cristo de Medinaceli en la noche del Lunes Santo

El Lunes Santo porcunense trajo consigo una estupenda noche primaveral para que el Santísimo Cristo de Medinaceli procesionara por la localidad. Un año más, cientos de vecinos salieron a la calle para contemplar la imagen del Cristo maniatado. A las 22:30 de la noche cruzaba las puertas de la Iglesia de Jesús acompañado de unos doscientos hermanos y hermanas vestidos de un luto riguroso.

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Acompañado por el sonido de varios tambores sordos, este Cristo portado por cuarenta y cinco jóvenes cargadores, recorrió diversas calles de la localidad junto a numerosos hermanos que portaban velas pertenecientes a la Hermandad y Cofradía del Santísimo Cristo de Medinaceli. La comitiva era escoltada por dos soldados romanos y el estandarte de la Hermandad, y dos personas sostenían la corona de espinas y los clavos con los que Jesús fue crucificado.

El silencio y la seriedad con la que es portada la imagen desde hace varios años, han logrado dar sentido cofrade a la noche del Lunes Santo en Porcuna, que se caracteriza por el sonido ronco de los tambores que abren paso al Cristo. Sin duda, el respeto con el que discurre la procesión, favorece el recogimiento de los hermanos que, cada año, acompañan en su salida a la talla, con una completa vestimenta negra.

La hermosa talla realizada en 1.940 en los talleres gerundenses de Olot y restaurada en el año 2.004 por Genara Valenzuela, finalizó su estación de penitencia pasadas la una de la madrugada dando por concluido el Lunes Santo.
La Hermandad estrenaba la esfera de marfil y una cruz repujada con piedras preciosas para el Niño Jesús de Medinaceli. Además, los cargadores estrenaban también indumentaria con un jersey grabado con el escudo de la Cofradía.

Así, este año los Hermanos Mayores han sido Juan Manuel Moreno Alcalá y Providencia Callado Moreno.

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MANUEL J. MOLINA SALAS / REDACCIÓN

La cólera de la condesa

Maldita por su apellido, pero estigmatizada por la ambición, Aguirre se comporta como el personaje de Werner Herzog y se extralimita cuando considera que algo impide que vaya en busca de su El Dorado. Temerosa de que una fotografía inmortalice su tropezón con la Policía Local, por una falta trivial –si realmente ese fuera el motivo-, reacciona poseída por la cólera y actúa con la soberbia de quien no soporta ningún obstáculo en su camino.

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Y en vez de aceptar una multa con esa sonrisa ingenua que le caracteriza, fruñe el ceño, ignora la autoridad y huye del lugar, arrollando un vehículo oficial, para refugiarse en su casa y dejar que sus guardaespaldas aporten la documentación pertinente.

Le pierde su carácter, un carácter hábilmente maquillado por toneladas de gestos simpáticos, frases ocurrentes y modales hasta entonces suavizados. Hasta hoy, en que Esperanza Aguirre ha mostrado su verdadera faz.

Aparcar momentáneamente en lugar prohibido no es un delito de lesa humanidad, sino una falta que a diario comete cualquiera que conduzca un coche por nuestras ciudades atascadas de un tráfico intenso y sin apenas lugar donde estacionar.

Las dobles filas, la invasión de las aceras, saltarse los semáforos en ámbar, circular por carriles restringidos, no respetar los límites de velocidad, aparcar en zona azul sin ticket o excediendo el tiempo abonado, y hasta hacer giros o maniobras prohibidas son, en puridad, actos rechazables y castigados por la autoridad municipal, pero que contribuyen a agilizar la circulación. Cierto caos posibilita un orden más eficaz.

Sin embargo, Esperanza Aguirre, cazada “in fraganti” por la policía con su coche detenido en un carril bus para sacar dinero de un cajero automático, no admite ser objeto de castigo por la falta cometida. Se considera un personaje por encima de las normas que ella misma estaba obligada a respetar y se deja llevar por la ira, la cólera de la condesa que teme la inmortalización del suceso en una fotografía que perjudique su imagen pública.

Acusa a los policías de machistas, de urdidores de una trama contra ella y de abuso de autoridad. Y emprende la huida, sin querer firmar la multa, arrasando con su vehículo una motocicleta de los agentes. Provoca, con su reacción, un espectáculo de mayor relieve mediático que el de la simple amonestación por una falta de circulación.

Y deja entrever su verdadera personalidad: la de una persona engreída, soberbia y violenta, rasgos muy alejados a los de su imagen pública, tan cultivada y mimada por ella. Y es que el poderoso se cree su poder, confía en su poder y exhibe en situaciones límite su poder.

Piensa que todo le es posible y todo le está permitido porque siempre ha actuado así, consiguiendo imponer su voluntad en el ejercicio de sus diferentes cometidos en la política. Ha criticado a propios y adversarios, ha amparado a delincuentes probados e imputados y se ha enfrentado a quienes representaban un peligro a su autoridad y ambición.

En definitiva, se ha conducido como Lope de Aguirre en busca de El Dorado, avasallando e ignorando los límites que a todos obligan: respetar la ley. Se ha dejando llevar por la cólera de Dios por una simple multa. Su ira le ha hecho caer la careta.

DANIEL GUERRERO