Análisis de las elecciones municipales 2015

El colaborador de este periódico, Alfredo González, analiza minuciosamente los resultados de las elecciones municipales en Porcuna, donde el Partido Popular liderado por Miguel Moreno volvió cosechar una mayoría absoluta con sus nueve concejales electos.

El PP gana las elecciones municipales

El Partido Popular ha revalidado hoy la victoria que logró en las elecciones municipales del año 2011 y ha vuelto a ser la fuera política más votada en Porcuna, tras conseguir recabar el 63,49 por ciento de los votos con el cien por cien de las papeletas escrutadas.

Manuel Torres presenta su equipo para las municipales

La Agrupación Socialista de Porcuna ha dado el pistoletazo de salida hacia las elecciones municipales tras la presentación de su candidatura encabezada por Manuel Torres. “Tengo un equipo, ilusionado, unido y trabajador en el que todos colaboramos conjuntamente”.

Medalla de Oro para el pianista Rafael Quero

El experimentado pianista porcunense Rafael Quero Castro será distinguido con la Medalla de Oro del Concurso Internacional de Piano Premio ‘Jaén’ tras la aprobación en el pleno de la Diputación jiennense el pasado uno de abril.

Raimundo Amador, cabeza de cartel en el MíaQué Festival

La próxima edición del MíaQué está de enhorabuena. El as de la guitarra, Raimundo Amador, visitará Porcuna el próximo verano para actuar en el XII MíaQué Festival que organiza la asociación con el mismo nombre.

Paco Moreno, candidato andalucista a las municipales

El andalucista Paco Moreno volverá a presentarse como candidato a los comicios municipales del próximo 24 de mayo por el PA. De esta manera, fue ratificado por la asamblea de militantes celebrada el lunes donde la candidatura presentada por Moreno obtuvo el apoyo unánime.

18 jun. 2015

Nos tomamos un descanso

Como Ross a Rachel en la famosa escena de la serie Friends donde la pareja televisiva se reconcilia pero, de repente, salta todo por los aires con el grito de Ross: “¡Estábamos tomándonos un descanso!”. Pues eso, Porcuna Digital también se toma un descanso.

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Hace casi dos años me embarqué en la atractiva tarea de crear un medio de comunicación local. Recién salido de la facultad, decidí ofrecer a los porcunenses su información más cercana, la que verdaderamente importa, con la ayuda de Juan Pablo Bellido y Pablo Poó. Era un chaval sin experiencia alguna que quería entrar, empezando desde abajo, en el ‘mundillo’ del periodismo. Y poco a poco, Porcuna Digital comenzó a tener su repercusión a nivel local y la gente comenzó a entrar en la web.

Ahora el destino profesional hace que tenga que irme lejos de Porcuna y, por ello, he decidido darle un descanso indefinido al diario. Sé que no voy a poder ofrecer una información local de calidad y con una periodicidad diaria y por este motivo, lo mejor será pulsar la tecla de ‘standby’.

Además, quería contaros también que durante los últimos nueve meses he dirigido Porcuna Digital desde más de 500 kilómetros de distancia. Una tarea complicada que he desarrollado de la mejor manera posible con la ayuda de mi amigo y ‘compañero de fatigas’, Francisco Garrido.

Asimismo, dar las gracias a Alfredo González por su labor semanal y su contribución magnífica a este diario con las estatuas. También a Luis Emilio Vallejo, por sus publicaciones de ‘Melodía de Obvlco’ y ‘De Pictura’, y a Francisco Susín por ‘Desde la Casita de Papel’, artículos donde reinaba la ironía sólo como él solo sabe hacer. Tampoco quiero dejar de acordarme de tantas personas que me han servido de apoyo y que me han cogido siempre el teléfono para informarme de lo que les pedía.

También quiero agradecer el tremendo apoyo que Porcuna Digital ha tenido de las firmas comerciales locales que han confiado su publicidad en este diario y que sin su ayuda habría sido un poco más difícil continuar con esta labor periodística.

Por último, aprovecho para dar mil gracias a todos y cada uno de los lectores que han conectado diariamente con Porcuna Digital, para vosotros ha sido este trabajo y por vosotros lo he realizado gustosamente desde un principio.

¡GRACIAS A TODOS!

M. J. MOLINA

17 jun. 2015

Capitalismo humano

Si hasta el comunismo ha sido arrinconado por sus propios valedores, no queda más remedio que asumir que el capitalismo es el único sistema económico imperante hoy día a escala planetaria. En cuanto nos convenció de que cualquier necesidad humana, individual o colectiva, podía ser satisfecha por el comercio, la mercantilización se extendió a todas las facetas de la vida, privada o social, basándose en una regla muy simple, pero traicionera: la ley de la oferta y la demanda como mecanismo de tasación en cualquier transacción.

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Dos hechos cruciales posibilitaron la evolución del capitalismo primigenio, mero trueque o intercambio de bienes, hacia el fundamentalismo económico que en la actualidad rige el mundo: por un lado, la invención del dinero como medio para conseguir –comprar– cualquier fin; y por otro, la revolución industrial, que supuso la posibilidad material de atender –vender– cualquier demanda de bienes y servicios, sin importar su cuantía o volumen.

Si, con el primero, el afán incesante de lucro ha motivado que el dinero se convirtiera en un fin en sí mismo, dando lugar a esa segunda rueda dentada que encaja a la perfección en el engranaje capitalista: el sistema financiero; con el segundo, se ha engendrado el fenómeno de la globalización, un nuevo modelo de colonialismo que homogeniza el consumo (y la cultura, el arte, las costumbres, el ocio, las modas, etc.) e impone la desregulación de los mercados (nacionales), restando soberanía sobre la actividad económica a los Estados-nación. No hay país, incluso sobrado de riquezas naturales, que no dependa, en mucha o muy mucha medida, de los mercados, los cuales mercantilizan toda actividad económica en aras del máximo beneficio.

Que, a estas alturas de la historia, se pretenda desmontar el Estado de bienestar surgido tras la Segunda Guerra Mundial para sustituirlo por la iniciativa privada que promueve el neoliberalismo, no deja de ser una consecuencia de ese fundamentalismo económico que caracteriza al capitalismo, cuyo mayor peligro radica en su capacidad de inculcar una “lógica” –el pensamiento único- que nos impulsa a creer que sólo el mercado es capaz de satisfacer las necesidades de la población de manera “sostenible”, esto es, rentable.

Y es que el capitalismo ha dejado de ser un sistema económico para convertirse en un régimen cultural y civilizacional, que controla no sólo los modos de producción, sino también todos los demás ámbitos en los que nos desenvolvemos, tanto de manera individual como colectiva.

El sistema capitalista es, por tanto, un sistema socio-económico en el que el mercado lo regula todo: la economía, el modelo de sociedad, el tipo de familia, la reproducción, el “consumo” del ocio, las relaciones amistosas, la educación, la moral, la religión e incluso la muerte, ya imposible sin haber suscrito antes el correspondiente seguro de defunción. Todo gira en torno al negocio y en todo se busca el mayor beneficio al menor costo.

A quien crea que es una exageración incluir a la familia entre los ámbitos mediatizados por el capitalismo, bastaría recordar que el matrimonio monógamo es, más allá de una cuestión moral o cultural, el modo más fácil de adaptar la unidad social por excelencia –la familia- a las exigencias del mercado, certificando las relaciones entre los padres y los hijos con el Libro de Familia.

El sexo y el amor se convierten en un acto jurídico, que se engloba en un orden social, sujeto a un sistema político en forma de Estado, el cual determinará finalmente las relaciones entre familia, ciudadanía y nacionalidad. Es decir, el matrimonio “legal” está íntimamente ligado al sistema económico, que no es otro que el capitalista.

No es casual que el matrimonio monógamo se estableciera con mayor firmeza cuando la industrialización se extendió en la sociedad, consiguiendo que fuera la forma “natural” de garantizar los “recursos humanos” que iba a necesitar y, llegado el caso –como sucede en la actualidad–, preservándolo como el lugar (u hogar) de acogida a los expulsados por el sistema, los desempleados “estructurales”.

Este modelo de capitalismo “fundamentalista”, cuyo único objetivo es el beneficio, puede ser “suavizado” con aplicaciones del mismo mucho más respetuosas con los recursos ambientales, más equitativas en su funcionamiento y acordes a la finalidad última de la economía: ser soporte a la existencia de la Humanidad, posibilitando su desarrollo.

Un “capitalismo humano” es posible en tanto en cuanto se regulen sus excesos y se evite que el mercado sea el único agente que imponga las reglas o las condiciones. Entre la libertad de mercado y el intervencionismo más absoluto, existe espacio para un capitalismo como infraestructura económica al servicio del interés general, sin renunciar al lucro de la iniciativa privada. Porque, aunque Adam Smith –padre de la criatura capitalista– pensase que cuanto menos interviniese el Estado con más eficacia funcionaría el sistema, los hechos demuestran que el mercado sin control, a su libre albedrío, conduce a la concentración, el monopolio, la explotación, la especulación y la avaricia.

Destruye y agota (naturaleza, atmósfera, fuentes de energía, trabajo y personas) en pos de la máxima rentabilidad inmediata. De ahí que haya que erigir leyes antitrust, del buen gobierno y hasta sistemas fiscales que procuren domeñar el apetito voraz del mercado y permitir un acaparamiento menos egoísta de los beneficios.

Se trata, pues, de modificar modelos productivos, regular actividades y delimitar espacios en los que predomine la actuación pública frente a la privada. Rescatar de las manos de patronos, banqueros y especuladores financieros la capacidad de orientar recursos y la determinación de atender necesidades según la rentabilidad que deparen. Corregir la desigualdad en la distribución de las rentas, puesto que las del Capital no pueden seguir privilegiadas sobre las del Trabajo.

Apostar por actividades menos especulativas (destructoras de empleo) y que generen más valor añadido, como las energías renovables, la innovación y las nuevas tecnologías, el medio ambiente, los servicios sociales y la dependencia, el ocio y la cultura (creación y difusión), la agricultura, intentando que los sectores tradicionales preferidos por los mercaderes (construcción y grandes obras faraónicas) no acaparen la mayor parte de los recursos. Y recuperar la inversión pública en sanidad, educación y dependencia, para que la solidaridad social pueda socorrer a los más necesitados y sin recursos.

No sería volver al “capitalismo de rostro humano” ideado por la socialdemocracia cuando construyó el Estado de bienestar, pero sí retornar a los esquemas progresistas que comportan cierto control de la actividad económica y, fundamentalmente, de los desmanes del mercado, capaz de cegarse con la maximización del lucro sin importarle las consecuencias humanas y ambientales.

¿Cómo se conseguiría “humanizar” al capitalismo en los tiempos de la globalización y las exigencias de “productibilidad” que desarman al trabajador frente al poder omnímodo de las empresas? Con leyes y movilización social.

La globalización neoliberal debe ser contestada por un activismo que promueva la justicia social y la igualdad, basadas en una ética superior, antitética a la del mercado, que cuestione la indiscutibilidad del “pensamiento único”. La defensa del medio ambiente, el mantenimiento de los servicios sociales públicos y la supeditación de la economía al interés general de la población han de constituir los límites que el sistema económico capitalista deberá respetar, vigilado por ese activismo de la sociedad y regulado por leyes que el Estado estará obligado hacer cumplir. Imponer tasas e impuestos a transacciones financieras especulativas que disuadan de la tentación al “casino financiero”. Y, en definitiva, corregir las desigualdades que un sistema injustamente aplicado provoca en la sociedad española.

Todo ello unido a la exigencia de transparencia en todos los ámbitos de gestión gubernamental y en cada una de las administraciones del Estado (central, autonómica y municipal) para prevenir y castigar el clientelismo y la corrupción, teniendo presente que la corrupción es coherente con la lógica del poder financiero, que “compra” hasta el alma (De Benoist, citado por Sousa Santos, Epistemologías del Sur, p.154).

Y es que no basta con vigilar que cada céntimo del dinero de todos se emplea de manera honesta, sino también velar por que las decisiones económicas queden iluminadas por la luz de la democracia y no se mantengan en la oscuridad de instancias ajenas a ella y, por tanto, extrañas a los intereses generales de la población. Hay alternativas en un capitalismo humano que reforme el capitalismo y devuelva a los ciudadanos la capacidad para elegir ámbitos básicos de su existencia social, sin que queden sujetos a las directrices del mercado ni se conviertan en instrumentos de dominación y poder.

En cualquier caso, no evitaremos seguir siendo explotados por los detentadores del poder y el capital, pero al menos graduaremos la intensidad de esa explotación. Algo es algo.

DANIEL GUERRERO

16 jun. 2015

Presentación de la novela 'Melodía de Obvlco'

Con “Los crímenes de la calle Morgue” de Edgar Allan Poe, y sin proponérselo el autor norteamericano, y sin serlo también, aunque pareciéndolo, dio la literatura comienzo a sus relatos policiales, y relato del que buena nota tomó Víctor Hugo a la hora de meterle su poco de carácter policiaco a algunas de las tramas que se encuentran y se esconden dentro de su obra maestra “Los Miserables”. Relato donde aparece la primera imagen del que podríamos denominar primer detective de la historia de la literatura bajo el nombre de monsieur Auguste Dupin, y que con el tiempo sería el alma detectivesca que inspiro a Arthur Conan Doyle su celebérrimo detective Sherlock Holmes, y que, de la mano de Conan Doyle llevó el relato detectivesco-policiaco a su máxima expresión y a sus mejores calidades literarias e imaginativas, y, al igual que el relato de Poe, también Conan Doyle se atuvo al relato corto para crear su literatura policiaca, como si todo los detectivesco se pudiera consentir en un suspiro.

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Y con todo, tampoco se puede asegurar a pies juntillas que fuera Edgar Allan Poe y su relato “Los crímenes de la calle Morgue” la primera entrada de lo detectivesco en la historia de la literatura, pues, es evidente que en algunos relatos literarios anteriores al siglo XIX ya corren por sus páginas relatos y hechos que bien podrían interpretarse también como hechos y relatos detectivesco-policíacos, en precursores como la novelística china del Gong An durante la dinastía Yuan, “El cuento de las tres manzanas” de los relatos árabes de “Las mil y una noche” o Voltaire en su relato “La destinada”, aunque por ellos no anden sueltos, policías, detectives ni comisarios, pero bien puedan entrar en el mismo empeño de investigar las delincuencias, alcaides, alguaciles, magistrados, y hasta poetas vestidos de investigadores que, pueden pasar desapercibidos, pero que, en el fondo, bien guardan relación con lo que podríamos llamar asuntos del crimen y los latrocinios, que ya y también, por los tiempos más remotos de la antigüedad existían lo que bien podríamos nombrar como lo que son cárceles actuales, aunque, por aquellos tiempos se llamaran de otro modo y se ubicaran en otros espacios o en otros cerrados, como igualmente se notan sus cosas policíacas en autores tan clásicos y tan universales como Homero, Sófocles, sobre todo en “Edipo rey” Shakespeare o Cervantes, o en la mismísima Biblia, donde ya aparecen los hechos de los interrogatorios como primer paso hacia lo policíaco, por ejemplo en la escena “La historia de Susana y los ancianos” del Antiguo Testamento.

Pero, con Edgar Allan Poe, bien inspirado por el relato de 1937 “La célula secreta”, de Burton, escritor para el que trabajaba Poe, comienza lo que bien se podría decir, el relato detectivesco moderno- aunque, evidentemente, Poe aúna en su relato, no solamente la trama policíaca, sino esa otra gran suya del relato de terror- donde, por primera vez se nombra, en primera persona, al personaje del detective como tal, como una algo oficial que investiga un algo delictivo, y que, de la mano de Poe, dio origen, entrada o pistoletazo de salida a las decenas de detectives que han colmado en los últimos dos siglos los relatos policiacos, y ya dados, bien entrado el siglo XX en su literatura, de lo llamado Novela negra, como en su día la definió el escritor Raymond Chandler en su extraordinario ensayo de 1950 “El arte de matar”, y que origina su nombre en que , este ensayo de Chandler fue publicado originalmente en la revista “Black Mask” de los Estados Unidos, y en la colección “Série Noir” , de la editorial francesa Gallimard , y en una definición que venía también a hablar de los oscuros ambientes en que solían y suelen transcurrir las tramas de los relatos policíacos, y que igualmente suenan en las escenas de Dickens.

La modernidad policíaca de Poe dio origen a la creación de símbolos detectivescos enmarcados en el nombre del policía, investigador o agente, de la mano de Dupin para Poe, Sherlock Holmes para Conan Doyle, The Continental OP o Spade para Hammett, Miss Marple o Hércules Poirot para Aghata Christie, el Padre Brown para Chesterton, Marlowe para Chandler, y del Maigret de Simenón, al patrio Pepe Carvalho de Vázquez Montalbán, y a la también patria Petra Delicado, de Alicia Giménez Bartlett, hasta llegar al inspector Brown, de la “Melodía de Obvlco” , la novela de Luis Emilio Vallejo que presentamos hoy, y de la que, así como en un sin querer, tengo participación propia, aunque a mi nombre se le haya quitado su o final, y se haya quedado en un así de nombre inglés o francés, y otra buena colección de autores que sin presumir de detective esencial y multitudinario de historias, sí que dejaron su impronta policiaca o de investigación en alguna parte de su literatura como Jorge Luis Borges, Julio Cortazar, Rosa Montero, Larsson o Eduardo Mendoza, haciendo constatar también la buena colección de autores españoles que bien dieron en la cosa policíaca de la literatura como el mentado Manuel Vázquez Montalbán, Juan Madrid, o Andreu Martín, que quizá pase por ser el autor español mejor dotado para la cosa esta de la literatura policíaca.

Cuando Jorge Luis Borges decía, en los finales de su vida hasta que le cogió la ceguera, que sólo leía novela policíaca, algo tendrá el género cuando ha tenido tan buen lector, pues pocos más grandes lectores ha tenido la literatura como Jorge Luis Borges, y pocos tan más grandes escritores también, que todo hay que decirlo.

La literatura policiaca tiene que tener muchos y muy buenos caracteres para no decaer, pero sobre todo, los más importante: los de la emoción y la intriga, es decir, esos dos grandes motores que hacen que se vaya de una página a otra esperando encontrarse siempre la emoción y también la sorpresa, y que todo se vaya secuenciando poquito a poco, en pequeñas tacitas hasta dar con el final de la trama, la intriga y la interrogación, que, salvo contadas ocasiones, siempre suele llegar en sus últimas o en sus penúltimas páginas, y todo lo demás, todo el TODO LO DEMAS del relato policíaco es un ir pasando páginas, descubriendo secuencias, encontrando héroes y villanos, aconteciendo sucesos o disfraces de sucesos, y hasta un poco o un mucho de intimidad, pues, salvo que lo narrado se narre en un hecho breve, digamos como los relatos breves de Conan Doyle con su Sherlock Holmes, donde todo está en el grano y sobrándole todas las pajas de los adornos y los escenarios, al relato policíaco también le debe acompañar su digamos cosa cotidiana, esa cosa cotidiana por donde se desnuda el protagonista como también vienen a desnudarse bien los protagonistas que acompañan al protagonista principal, y que pocas veces pasan a ser personajes secundarios, ni acomodos del relato, sino que también forman parte de la intriga de los hechos narrados, de los hechos que se investigan y de los resultados finales.

El inspector Brown de “Melodía de Obvlco”, la novela de Luis Emilio Vallejo Delgado, como todo buen inspector, como todo buen inspector que se precie, es el hombre excéntrico y el hombre lógico, el hombre brillante y el hombre apesadumbrado, el hombre intrigado y al mismo tiempo, el hombre intrigante, el satisfecho e insatisfecho, el culto y el irracional, también el hombre sexual y hasta el hombre enamorado, con su algo también de hombre raro y de hombre estrambótico, el hombre en color y el hombre en blanco y negro- la novela negra, gracias al cinematográfico, siempre tiene sus secuencias en blanco y negro, como sacadas también de una fotografía de periódico o de una huella dactilar impresa con la tinta del dedo, o al menos, esa es la impresión que siempre guardamos los lectores de novela negra, y yo soy un fiel lector de este tipo de literatura, tan, a priori fácil de leer, y paradójicamente, tan difícil de escribir, salvo que te llames Aghata Christie que escribía novelas policíacas, al mismo ritmo con que se bebía las tazas de te, y que sin ser, literariamente una escritora superior, sí que nadie como ella para la inventiva y la intriga policial, y que también escribía algunas joyas más que nada tenían que ver con el género, como sus memorias y relatos arqueológicos africanos tan magistrales.

Para escribir novela policíaca hay que estar especialmente capacitado, tan especialmente capacitado, que prácticamente ningún escritor de novela negra, o policiaca, o de intriga con robo o crimen, supieron escribir algo que se saliera de esa su memoria literaria en negro.

La capacitación de la exposición, y la capacitación de la intriga, y como casi todo viene dado en la manera de la imaginación, el cómo resolver bien los casos- y ahí, nadie como la Christie o el Conan Doyle, y también la sagacidad narrativa de Patricia Highsmith capaz de hacer del delincuente Mr. Ripley un héroe extraño, y lo que echó tanto de menos Vázquez Montalbán, que lo exponía todo de forma magistral, pero casi nunca daba con la tecla del juicio final de toda novela negra, o sea, su final, más o menos creíble, más o menos lógico, y con juicio de fiar, aunque a veces resulte en juicio erróneo.

“Melodía de Obvlco” es la novela de la intriga y la novela de la poesía también, como no se podía esperar menos en un escritor como Luis Emilio Vallejo que es, ante todo, poeta, y que por esas cosas de la lírica, esa herida o esa sangre del poeta, y hasta ese suicido en do menor sostenido, Luis Emilio vuelca sobre “Melodía de Obvlco”, como si estuviera derramándose él mismo hasta crear la balsa de aceite de la lírica, de la poesía oculta, que también viene o puede venir en un crimen- la poesía también es un asesinato, aunque con muchas plumas, con muchos cielos, y con mucha tiernalidad. Y también es la novela de la digresión, y no de la digresión en singular, sino de la digresión en sus plurales y en sus pluralidades, y para los que, como yo, amamos tanto de la digresión en literatura, tener en nuestras manos un libro donde la digresión se va perfilando a cada instante, verdaderamente es un gozo que se goza admirable. Esa digresión de estar en un lado y de pronto irse para el otro lado, como si se pusiera un intermedio entre realidad y realidad, para darnos la publicidad de la otra literatura, que en este caso viene dar casi todo en poesía, y digresión de la que me ha hecho Luis Emilio protagonista en el personaje de Alfred narrando la otra cosa de su novela, su otra esencia, su historia y su arqueología porcunera, y que también trata de la hermosura, de la hermosura de la palabra lírica de Alfred, o sea, yo, o el otro, pues en el fondo, el personaje de Alfred no deja de ser un heterónimo del mismo Luis Emilio, que ha querido poner sus palabras líricas y mágicas cuando habla de la Porcuna antigua y clásica en boca de otro, de ese otro que soy yo pero es él mismo, quizá por ese mismo motivo que anunciaba antes, para que el escritor que escribe la novela negra no deje de seguir escribiendo su novela negra, y en este caso, me ha cogido a mí como cabeza de turco, o de turno, para morir en el mundo de la poesía dentro del mundo de la intriga, aunque también tiene su poco o su mucho de intriga esas letras en negrita por donde me vacío yo, pero que en realidad, se vacía el interior del poeta que es Luis Emilio Vallejo Delgado, no fuera a ser que con tanta lírica en sus digresiones, y con tanto clasicismo y con tanto narrar distinto como me ha tocado narrar a mí por la sola voz del poeta que es él, se le fueran a confundir los tiempos de los policíaco, y al final el inspector Brown no tuviera más remedio que detener, encarcelar y hasta ajusticiar al poeta que escribe la novela, Luis Emilio, como el gran causante de todos los asesinatos del mundo.

El Inspector Brown, es un inspector con alma de viajero, sin la menor duda, y como al igual que me ocurre a mí, a Luis Emilio también le ocurre la genial idea de amar profundamente a su pueblo y de sentir profundamente sus raíces, esa cosa que se siente en la carne y que los poetas también sentimos en esa cosa de alma que se llama la poesía o sus secuencias poéticas , y como Luis Emilio, en el fondo, es el tipo cortijero y hortelano que se siente agusto entre nuestras cosas propias, que además de ser cosas de pueblo también son cosas universales como bien supieron hacer, decir y exportar los norteamericanos – nosotros nunca hemos sabido hacer de lo de pueblo un mundo, y nunca hemos sabido sacar al exterior nuestra verdad de cortijo como los norteamericanos sí supieron hacer con su verdad de rancho y de vaqueros- hasta Porcuna se trae Luis Emilio, desde Madrid, al inspector Brown para hacerle su hueco migratorio ocasional y temporal entre las cosas nuestras para que el inspector Brown se descubra clásico y a la vez nos descubra a nosotros nuestras esencias clásicas, las esencias clásicas de ser, antes de ser porcuneros, ser de Ipolca sus cosa griega, y de Obvlco sus romanos sin Roma, pero con muchas piedras escondidas, y con muchas voces subterráneas que no han dejado de llamarnos nunca, aunque nunca las hayamos sabido o querido escuchar, y afortunadamente, llevemos ya algunos años siendo testigos y expositores de aquellas grandezas, grandezas que son en este día, cuando en realidad, en los veinte siglos pasados, sólo eran las cosas cotidianas de las siempre cotidianas civilizaciones: sus monotonías, sus costumbrismos, sus paradojas, y su lírica también, porque, en el fondo, al igual que la moda, sólo somos una repetición que se repite tras otra repetición, y así, desde que el mundo el mundo y desde que el hombre es lo que es el hombre, o lo que le han dejado ser, que tampoco ha sido tanto como nos suponemos, aún habiendo sido casi el todo.

“Melodía de “Obvlco”, es una novela que son dos novelas y hasta tres novelas son. Novela dentro de otra novela, historia dentro de otra historia, y hasta novela coral por la que también hablan los espíritus de nuestros antepasados.Por un lado la novela negra que se va desgranando en sus secuencias negras, investigativas o policiales, con su algo también de novela histórica reciente, tan a la mano de la democracia y de la prensa periodística Por otro lado, su novela porcunera del tiempo de los años ochenta, por donde el Inspector Brown y su alegre y camarada cuadrilla se da una vueltecica por Porcuna para ver que le dice y cuenta el pueblo de los pantalones vaqueros y aún costumbrista- todo es costumbrismo en la vida, y todo indefinitiva, una escena matritense- paseando sus calles, paseando sus locales, viendo los horizontes desde la Redonda, sentándose en sus llanetes para charlar o escuchar las conversaciones, gozarse o hastiarse de lo que somos- la vida es un gozo y también un hastío- y habiendo como una comunión entre el inspector y las gentes, que también es buen título para nombrar esta otra novela dentro de la novela que es “Melodía de Obvlco”, y la novela lírica que también es novela histórica, esa que le cuento yo, o sea, el Alfred de la novela, pero que en el fondo la narra Luis Emilio convenientemente disfrazado, o como ausente, y que es la oda homérica de “Melodía de Obvlco”, como si una confabulación lírica y hasta exotérica de Luis Emilio le hubiera puesto una especie de detente al inspector Brown, como diciéndole : “Macho, antes de saber lo nuestro de ahora, párate un poco a escuchar lo nuestro del ayer, un párate que te cuente, de Porcuna, algunas de sus raíces, porque esas raíces son nuestra seña de identidad, o una buena parte de nuestras muchas señas de identidad, nuestras otras identidades, las que nos muestran variopintos y universales, solos y múltiples, yo y lo otro, o los otros, indefinitivos, presentes en el pasado, secuencias y consecuencias vivas del ayer para sabernos sentir en el hoy, más o menos, bien comulgados, y hasta confesados también en la confesión de la lírica, porque, la historia comenzó a contarse a través de la poesía, primero oral y luego puesto todo por escrito pero sin perder la rima, ni aún en las traducciones que de la historia del ayer, nos ha llegado a nosotros en prosa.

En definitiva, una novela múltiple la “Melodía de Obvlco” de Luis Emilio Vallejo, para ser leída y gozada en sus momentos tan distintos y tan distantes en el tiempo, en la prosa y en la lírica. Una novela policíaca pero con muchas cosas más dentro, y hasta una novela de amor cuando el amor se le brinda, y también novela de deseo y hasta de realidad, y un homenaje más de Luis Emilio a Porcuna, desde el ayer, para el hoy y para el mañana. Un regalo más que Luis Emilio le hace al pueblo de Porcuna para que no deje de sentirse en sus letras de oro, y en su alma de nube, y como viene a ser bien en las novelas policíacas, con un final sorprendente, que, evidentemente, no voy a desvelar, y que, como toda novela policíaca, para llegar a él, tendrán que pasar algunos cientos de páginas hasta ver a donde llega el juicio final de esta hermosa historia que tiene a Porcuna como protagonista principal.

ALFREDO GONZÁLEZ CALLADO

15 jun. 2015

El escritor Luis Emilio Vallejo presenta 'Melodía de Obvlco' en la Casa de la Piedra

La Casa de la Piedra ha acogido el acto de presentación del libro Melodía de Obvlco: El juego de las muñecas rusas, una novela policíaca de Luis Emilio Vallejo. El escritor estuvo acompañado por familiares y numerosos amigos, además del alcalde, Miguel Moreno, y el concejal de Cultura Santiago Valenzuela. La presentación fue realizada por el poeta Alfredo González.

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En el bello marco de la terraza de la Casa de la Piedra y sobre la gran mesa de piedra allí situada, tuvo lugar el acto de presentación de la nueva novela negra de Luis Emilio Vallejo. Melodía de Obvlco fue presentada magistralmente por Alfredo González, gran conocedor del mundo de la novela negra y policíaca. González, aproximó este tipo de literatura a sus inicios, destacando a literatos de la talla de Edgar Allan Poe y Agatha Christie, y al español Vázquez Montalbán.

“Todos los lectores que degusten Melodía de Obvlco se sentirán identificados con ella, el autor nos hace pasear por la Porcuna de los años 80”, explicó el poeta porcunense. Además, afirmó que, en su opinión “la novela policíaca es la literatura más difícil de escribir”.

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La nueva novela de Luis Emilio Vallejo trata varios temas. El final de la Transición española, el terrorismo de Estado mediante el GAL o la arqueología se mezclan con la trama policíaca en Porcuna. Por otro lado, el autor quiso dedicar Melodía de Obvlco al recientemente fallecido Constantino Unghetti, el descubridor de la Cabeza de la Doble Armadura en Cerrillo Blanco. Eva Patricia Vallejo también participó en la presentación del libro de su hermano con la lectura de varios capítulos.

“La cultura no es un lujo, sino un derecho”

“Esta novela es un homenaje a la Porcuna de los años 80”, indicó su autor. Asimismo, la obra consta de de cien ejemplares publicados mediante una edición de autor. “Exijo desde aquí un IVA cultural. Un libro no es un lujo, sino un derecho de los ciudadanos”, denunció.

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Luis Emilio Vallejo agradeció a Porcuna Digital por mostrar su compromiso con esta nueva novela y publicar diversas entregas durante algunas semanas. Por último, el director del Museo de Porcuna afirmó que “este año es clave para que el tema judicial de la ciudad de Obvlco evolucione y Porcuna tenga su joya de la corona”.

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M. J. MOLINA / REDACCIÓN

14 jun. 2015

Premios menores

Un tren atraviesa los maizales antes de descarrilar. Despierto del coma y pinto un punto y seguido en tus labios. Me he cansado de luchar por el rey, por el pueblo, por la libertad. Cansado de recorrer el esqueleto de plomo de aquel dinosaurio. Deseo ser William Wallace y que mis huevos griten libertad bajo la falda y a mí que me zurzan, que mi esperma vaya en punta de lanza hacia cualquier invento sin costes, hacia Nuevo Méjico y Nueva York.

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Buscar el amor, remoto y sobre una lona vieja, dejarme la prisa en los escalones y tomar posiciones anarquistas cuando nos vayamos a la cama. Que huelas mis ingles y yo hable tu inglés con los ojos en blanco, y que te busque en los mercados, entre las voces de los gondoleros, entre los viejecitos gangueando. Entre los rebaños que he dejado en mis estantes. En mis instantes. El amor no es sólo cosa de solomillos, lleva implícito que con la arcilla del tiempo también caigan tus dictaduras y las chinchetas que sostienen al miedo.

Las mejores etapas de una vida culminan y son desbaratadas limpiamente con una operación terrorista espectacular. La suerte de los adioses a tiempo son premios menores. Tú llegaste cuando mi acero de Titanic se volvía quincalla. El tuyo, tu hasta luego, se me hizo de granito. En mí creció todo, y mis latidos cabían ya en un traje de Pavarotti.

Malgasté vidas, o no, me situé fuera de las rasantes comunes, eso sí. Logré birdies o bogeys o eagles. Sí, es lo que me gusta del golf, que es la vida misma, que es un juego malicioso de golpes y hoyos. La infancia, la adolescencia, son huéspedes que se marchan off the record, sin descendencia, sin conversaciones de paz. Pero el muelle trae siempre una nueva bala, y hay que continuar desaguando lágrimas a través del acueducto. Hay que hacerse fuerte, bien sea sentado en el pescante mientras corres la posta o mientras tratas inútilmente de reconstruir tus murallas.

Aquella mañana daban sepultura a un motociclista bajo la fiebre. Yo afilaba músculos para volver a Atapuerca, a Carlomagno, y así poder ignorar que tú ganas más dinero, que cotizas en cualquier parque. Un viejo luchaba por su vida dándole pulso a una cocacola. Dios bendiga a los fantasmas que nos cuidan o nos asustan. Y a estos muertos moribundos que aún nos hablan.

Sin ti, sin los fantasmas, sin la respiración de algunos muertos, las ficciones serían muy aburridas; no podríamos apostar al cómo sería la vida sin o con. Contemplo los cielos y creo ver en ellos una piscina atascada. Y acierto a descubrir a tres pintores ante una fachada en blanco, sin saber qué hacer. A veces pienso, estoy convencido de ello, que deseo descorrer el cerrojo y dejar salir al loco que hay en mí, liberar a la bestia, callar cuando pierda y sonreir cuando gane.

Te conocí en aquel montaje forestal cuando mi corazón era un cementerio que exigía respeto al descanso vecinal. Apareciste entre las fintas de esgrimista de los jilgueros, blandiendo espada infiel, cuando yo, como cada héroe trasnochado, apuntaba maneras para mi propio kill him self en las páginas de sucesos.

Quise combatirte con un gladiolo y mi falta de pericia propició que me pinchara con la rueca. Te tuve frente a mí, te sostuve la mirada a duras penas, arrojé mis ojos a la alcantarilla, mi armadura comenzó a padecer reuma. Lanzaste la botella al aire. ¿Qué ocurrirá si sale cara o cruz? ¿Dejaré de fingir ilusiones? ¿dejaré de emborracharme en casorios? ¿podré decir "esta plata es mía"?

¿Qué puedo ver a través de la puerta, a través de pastilla y media de éxtasis? Que fumo como una chica cuando me observas. No te estoy diciendo que me drogue, pero veo cosas como en un inventario abierto.

Veo al toro saltando al abismo, por ejemplo. Que están matando granjeros en Gaza y desde los sótanos del licor exigen medidas sanitarias al matadero. El ejército de Napoleón, Hitler, que pido un doble atentado con extra de queso. Tal vez esté viendo unas pintas de cerveza, un sms pornográfico, leche derramada... No sé, quizás sea el estirón del gigante o que cuando te tengo fente a mí siempre estoy a una vocal de distancia para equivocarme.

Debo de estar confensando más de lo que debo. He de jugar. Y esperar a que no salga la bola fría del bombo. Y que el flipper no se enoje y acabé en un OK Corral de tiroteos y espumas rabiosas. Veo que puedo atreverme a fracasar. En este punto kilométrico. Lo sé. En este término de pueblo minero donde tus gemidos son una montaña de sonido. Puede que esté perdiendo la razón y la mantequilla se esté derritiendo por el camino.

Contemplo esa posibilidad cuando tengo a mis pies a dos muertos solitarios con el ataúd aún sin matricular. Una vieja y su gato.

Tras aquellas tejas azules, tras aquella casita besuqueando al huracán, tras un aterciopleado puré, veo el cadáver del marinero en el fondo del mar. Veo el chocolate sin cacao, las costas poco recortadas. Veo pequeñas lagartijas conversando con fines turísticos. Veo la chatarra de las sagradas familias y la subida de los infartos en las encuestas.

Ha sobrevenido la primavera y se me han caído las pestañas. Arrincono las cuatro estaciones y me quedas tú. Quedamos tú y yo en un país sin tratado de extradición. Tal vez me he humanizado en hora y pico, o al igual que García Lorca, no sé si sigo vivo o llevo tatuado el SPQR del romanismo más romántico.

Pienso en tí desde el aire, desde lo húmedo, desde lo expansivo. Yo pienso en el aire en sí. Con un empeño dramático en mi teatro de 180 grados. Estás ahí, con tu peluca azabache, tus labios azules y unas anillas de acero en la cintura. Yo me dejo vivir, galopar con un juego de pedales. Mis pensamientos se mueven con impulsos luminosos. Son espermáticos y malditos. Mandaron al águila a romper las telarañas, me dije.

El mostaza eléctrico de tus curvas enjugadas en la luz. Juegas bajo el sol y bajo el águila. Y el sol no se sabe sujetar y cuando se interrumpe el horizonte compruebas los premios menores de la Vida, los cuentos completos juntando cadáveres. La Vida no perdona un sólo recuento. Ni del Viejo ni del Nuevo Mundo. Mis pensamientos juegan a un Kamasutra donde tu cola de sirena comparte la mesita de noche con mis glóbulos rojos. Mis pensamientos viven del manicomio, de mis cromosomas empañados, del espesor constante del purgatorio. No hay días del mes, ni piel de león donde dormitar con Hércules.

Ando a gatas por el cielo mientras tú proyectas la película, cuando los grillos dan sepultura al violín y existen monedas flotando en las montañas, junto a las piedras que la cabra montés nos va regalando. Beso tu boca después de un ingenuo piedra-papel-tijera.

Llega la noche. Hay una estatua, un jarrón. Ritmos negros en mis sábanas. Adulterio en una cueva. Para desenfundar la espada y herir. Y hervir con un segundo blues. El aspecto más sucio del guión convencional me viene a la mente. Hay aullidos en nuestra cama. Un contacto fronterizo. Tú y yo. Mi traje gris carbón caminando por el pasillo.

Parroquias desertadas porque alguien dispara a gol. ¿Seré yo? Y una bofetada. He de ser honesto en los postres, me digo. Tú, entre caobas y flores, tienes un poco de Francia, un poco de esos rostros de actrices. La noche es para el delito. La noche es para que el ahorcado pasee los dedos por las cuerdas. Tus córneas son para las nubes. Mis silencios, para la pulcritud de las sombras. Ladridos demasiado humanos, luces caras pasto de las llamas. Las apago y me sale barato el silencio.

Cuento los siglos por cuartos, por tendones, por onomásticas quirúrgicas. Por tus ausencias. Los cuento a través de las almas en pena, a través de los billetes con numeración correlativa. Las horas, los libros. Los antihistamínicos. Me llevo eso para la cama. Y descubro que tu adiós es un premio menor. Y que sólo puedo escuchar al guerrillero, que sólo y en tirantes, resiste a una compañía de castrados, dispuestos como los huevos en la nevera, con la hombría de un demonio resentido.

Lanza la botella al aire. Escucha. Es una bomba. ¿Es la sonrisa del Jeque Yassim? No. Somos tú y yo, Roma y el mundo. Mi ejército avanza. ¿Me dejarás morderte algún día?

J-DELGADO CHUMILLA

13 jun. 2015

Miguel Moreno renueva su mandato en la toma de posesión de la nueva Corporación Municipal

El popular Miguel Moreno ha vuelto a ser esta mañana investido alcalde de Porcuna con el apoyo de los nueve concejales logrados por su grupo en las elecciones municipales del 24 de mayo. El pleno de investidura ha sido celebrado esta mañana en un abarrotado Salón de Plenos del Ayuntamiento, y ha sido el escenario para la toma de posesión de la nueva Corporación Municipal, compuesta por 13 concejales pertenecientes a tres grupos políticos: PP, PSOE y PA.

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Después de que los trece concejales tomaran posesión de su acta, se constituyó la Mesa de Edad, presidida por el edil más veterano –Miguel Moreno, del Partido Popular-, por el más joven –Juan Francisco Pérez, también del PP y por la secretaria María Luisa Blanco. Uno tras otro, los electos concejales juraron su acta de concejal ante la Constitución Española.

Tal y como estaba previsto, la mayoría absoluta conseguida por el Partido Popular valió para que Miguel Moreno fuera investido por tercera vez alcalde de la localidad tras la pertinente votación. Manuel Torres obtuvo tres apoyos, por un único apoyo conseguido por el líder andalucista, Paco Moreno.

Durante el discurso de investidura, Moreno agradeció el apoyo y la confianza depositada por los ciudadanos de Porcuna en su persona y mostró su satisfacción por recibir un apoyo tan unánime. “Este bastón simboliza el poder y el mando sin pasar por ninguna ‘cocina’ de despachos de negociación ni ningún intercambio de cromos”, asintió. El regidor popular señaló que, afortunadamente, “las tres formaciones políticas que se presentaron a los comicios locales han obtenido representación en el Ayuntamiento”.

“Las trece personas que vamos a defender los intereses de los ciudadanos de Porcuna lo haremos con honestidad y responsabilidad”, explicó el reelegido alcalde. Además, se dirigió a los grupos de la oposición tendiéndole la mano. “Tenemos muchos puntos en común en nuestros programas electorales”. Agregó que, “creo que son muchísimas más cosas las que nos unen que las que nos separan”.

“Nuestros votantes no deben pensar en ningún momento que los vamos a atender mejor que los que no lo han hecho. Quiero ser el alcalde de todos”, puntualizó.

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Antes que Miguel Moreno tomaron la palabra los cabezas de lista del resto de formaciones políticas, mientras que por el PP hizo lo propio Sandra Santiago. Así, el andalucista, Paco Moreno, agradeció también a sus votantes y a los componentes de su candidatura. Emocionado, dio también las gracias a su familia y amigos. “Es un orgullo ser concejal de Porcuna, mi tercera legislatura que afronto con la misma ilusión que la primera, trabajaré con humildad para que Porcuna genere crecimiento, empleo y desarrollo”.

Por su parte, el nuevo portavoz socialista y concejal, Manuel Torres, tendió la mano al equipo de gobierno para “apoyar las propuestas que creamos beneficiosas para nuestro pueblo”. Además, añadió que estará “a la altura para hacer una buena oposición”.

En representación del Grupo Popular, Sandra Santiago Garrido hizo hincapié en el trabajo realizado por su grupo durante los dos mandatos anteriores. “Algo habremos ofrecido a la sociedad porcunense cuando democráticamente ha tomado esta decisión premiando lo que ha considerado como un buen trabajo”.

Una vez finalizado el acto de investidura, la Corporación Municipal al completo fue fotografiada en la escalinata de entrada a la Casa Consistorial.

M. J. MOLINA / REDACCIÓN